Publicado el Viernes, 9 de Mayo del 2008 por
Isabel Mallén
Hace días, al leer la prensa, me llamó la atención un artículo de Vicente Verdú con el título ¿Para qué tanto leer?. Este escritor, que por su oficio bueno sería que animara a la lectura, no parece que tenga ganas, según la pregunta, ni siquiera de recomendar su último libro.
Presenta al libro como un objeto a extinguir: “la vida de la hormiga es tan improbable en la Gran Via como la vida del libro es exigua en el angosto y hasta alicatado ocio de la humanidad”
Expone las razones, ya sabidas, del poco arraigo de la lectura debido a la: TV, videoconsolas, falta de tiempo, que impiden “no ya leer sólo lo que da placer, sino leer a fondo”.
Afirma que los lectores de best sellers “son mutantes, lectores de letras pero no letrados”. A los de verdad, “los lectores conspicuos”, minoritarios por cultos, cuestiona si hay razón alguna para propagar la lectura de El Quijote. “No se lee por el Quijote, no se lee siquiera por consejo o ejemplo de los padres, se lee cuando el bocado de tiempo que pertenece al libro procura sabrosas y efectivas sensaciones de placer”.
Un artículo, desde mi punto de vista, pesimista. La realidad es múltiple y las hormigas son un ejemplo de sociedad organizada.
No obstante, cabe preguntarse qué va a pasar, no sólo con el libro, sino con las editoriales, librerías, bibliotecas etc…, y, quizás, por encontrar un panorama no tan negro, me acerqué a la Feria del Libro de Sevilla donde tuve ocasión de asistir a tres mesas redondas dentro de la jornada “Leer en pantallas-Edición sostenible”.
Esta claro que con Internet se está viviendo un cambio en la manera de escribir y transmitir conocimientos y que toda evolución en la tecnología es un proceso de destrucción y de creación, pero no desaparece una cultura así, por las buenas, como no desapareció la radio cuando llegó la televisión.
El e-Book no tiene por qué ser el fin del libro tal y como lo conocemos. Uno de los problemas de la lectura en la Web es que propicia un tipo de lectura que afecta a la formación de pensamientos. Esta lectura fragmentada que nos guía de hipervínculo en hipervínculo, puede ser uno de los motivos que nos haga desistir del esfuerzo de leer un libro y sintetizar su contenido para interiorizar lo que se dice y formarnos una opinión completa, algo que conseguimos con el libro de papel.
La conclusión es que todos estos sectores se han de integrar, de hecho lo están haciendo, en este nuevo mundo tecnológico para dar respuesta, a una nueva generación que empuja, esos “nativos digitales”, que ya han nacido con la nueva tecnología y que no tienen ningún problema para leer en la Web. Y, principalmente, para no perder el tren y convertirse en algo obsoleto.
Sin embargo, todo esto requiere adaptación, es lento porque se trata de cambiar hábitos, de desprenderse de cosas (creación), de cuestionarse qué tipo de ganancia o satisfacción se obtiene con este arduo trabajo como es la escritura y la difusión de la cultura. Muchos autores se resisten y buscan formas de protección nuevas para publicar en Internet, aunque cada vez más el que pretenda hacerlo y decir “esto es mío”, lo tiene crudo.
Particularmente mi acercamiento a Internet me ha dado más que me ha quitado, he encontrado un espacio para compartir y canalizar mis inquietudes, un canal de documentación, un espacio de debate y de aprendizaje. Ahora leo más a fondo que nunca porque puedo, a golpe de ratón, profundizar en los contenidos que busco.
Y termino con un enlace que me parece ilustrativo, El derecho a leer, que tomé de esta otra dirección en la que Elena Lisón, ponente de una de las mesas redondas, habla de las licencias de protección.
Posts relacionados
Publicado el Viernes, 9 de Mayo del 2008 por
Mamen
Un libro para niños que apasionará a cualquier adulto.
Josep Holub, escritor nacido en la República Checa, nos narra una historia muy humana en la que se mezclan valores como la amistad, el coraje y el compañerismo.
La visión de un niño casi adolescente que es adoptado por su tío nos abre el mundo que le rodea: carencias, miedos, la necesidad de afectos, temor al futuro, la búsqueda de la amistad….
No dejar de leerlo, es un libro recomendado sobre todo para aquellos pre-adolescentes a los que no les gusta leer. La intriga se mantiene hasta el final.
Posts relacionados
Publicado el Jueves, 8 de Mayo del 2008 por
Diana P. Morales
Las mujeres que escriben también son peligrosas, de Stefan Bollmann
Si “las mujeres que leen son peligrosas” (como aseguraba un primer libro de esta editorial), ¿qué decir de las mujeres que se han empeñado en ser escritoras en un mundo lleno de prejuicios que no las tomaba en serio?
Un libro con más razón de ser aún que el primero, que hace un recorrido por autoras de todas las épocas y que tiene una edición extra-cuidada (no por nada fue editado en Navidad, seguramente esperando el tirón de los regalos).
Lo mejor: el prólogo de Esther Tusquets que abre el libro y el hecho de que podemos descubrir a muchas autoras como Assia Djebar, Lilly Jahn o Anna Akhmatova. Además de repasar muchas de las imprescindibles, desde Carson McCullers y Virginia Woolf, a Anaïs Nin, Toni Morrison o Arundhati Roy.
Lo peor: que el espacio dedicado a cada autora es sumamente corto y faltaría, sin duda, una bibliografía que enumerara sus obras más interesantes. Además de que, como suele ocurrir en este tipo de libros, no están todas las que son.
Posts relacionados
Publicado el Domingo, 4 de Mayo del 2008 por
Elisa I. Mellado
En estos días primaverales del mes de Mayo, en Sevilla se viven importantes acontecimientos culturales, entre otros: una exposición, única, del gran pintor Sorolla, que puede admirarse en el Museo de Bellas
artes, y la Feria del Libro, instalada alrededor de la céntrica Plaza Nueva.
Me decido por la Feria del Libro. Es temprano. Me sorprende el bullicio que hay. Recorro algunos de los stands. Hojeo algunos libros que se exhiben. Observo que, este año han sido muchos los títulos que abren sus hojas por primera vez al mundo literario. Nuevos padres que miran con orgullo su obra, a la espera de que algún lector aprecie su trabajo y la adquiera, como requisito: su correspondiente dedicatoria. Libros que pasan de mano en mano, ojos que, ávidamente, leen sus líneas. Autores, libros; libros, autores. Continúo mi paseo alrededor de la Plaza Nueva.
Recuerdo al insigne Cervantes, si viviese quizá lo reconoceríamos tal y como lo describieron entonces: un anciano solitario y desdichado con sus familares. Probablemente sería Premio Nobel; tal vez, ocuparía el Sillón letra C en la Real Academia y hasta le otorgarían el Principe de Asturias de las Letras. Sin embargo, le tocó vivir en la España del Imperio, hasta convertirse, por los siglos de los siglos, en uno de los personajes históricos, además de un referente literario de fama universal.
El curso de la vida de Cervantes estuvo marcado por constantes infortunios. La España de aquél entonces fue a la vez la del Imperio, la Conquista y el Siglo de Oro, pero también la del hambre, la mendicidad, la peste, los asesinatos y la negra sombra de la Inquisición.
La vida de Cervantes sigue siendo un misterio. De sus peripecias no es mucho lo que conocemos, y de su intimidad y su carácter lo ignoramos todo.
En mi paseo, observo a un anciano que, con dificultades y a punto de perder el equilibrio, consigue sentarse en uno de los bancos que bordean la Plaza. Me acerco y le ayudo. Con rigurosa cortesía y amabilidad me da las gracias y se presenta: Miguel de Cervantes, inclina levemente su cabeza. Quedo atónita. Sí, me vuelve a repetir: Me llamo Miguel de Cervantes Saavedra. Me invita a sentarme junto a él. Le obedezco. Desde el mundo de la nada surge una amena conversación. (*)
¿Cuánto tiempo vivió Vd. en Sevilla? De joven, unos dos años, en 1.564 procedentes de Córdoba, mi familia llegó a Sevilla. Yo era un zagal de unos 16 ó 17 años. Si no recuerdo mal, vivimos en una casa en la Collación de San Miguel. Después en el año 1.566 nos fuimos a Madrid.
Continuar leyendo »
Posts relacionados
Publicado el Martes, 29 de Abril del 2008 por
Reyes Caceres
¿Cuantas novelas quedan por rescatar de Joseph Roth?Este escritor austro-húngaro de orígen judío que fue durante años corresponsal del diario Frankfuert Zeitung en la Unión Soviética es autor de numerosas obras quen son literatura en estado puro. Una de ellas “La rebelión” es una breve novela que nos mantiene en tensión desde la primera línea, haciendo que poco a poco, vayamos intuyendo el final. En pocas
páginas narra la transformación ideológica de un hombre a causa de una serie de sucesos desgraciados. Andreas Pum es un mutilado de guerra, cojo de una pierna, que deambula con su organillo para ganarse la vida. Un desastroso incidente en un tranvía le llevará a la cárcel. Las descripciones que hace Roth de su estancia allí estan cuajads de belleza “Andreas se acostumbró muy rápidamente a su celda; a su acre humedad, a su frío penetrante y al gris sombreado a rayas que era su luz diurna. Si, aprendió a diferenciar las fases de oscuridad que caracterizaban la mañana, la tarde, la noche y las horas nebulosas del crepúsculo. Se adaptó a la tiniebla de las noches; sus ojos perforaban su impenetrabilidad hasta hacerlas transparentes como el cristal de color oscuro al mediodía”. Andreas ha sido hasta ahora un ciudadano honrado y fiel cumplidor de sus deberes. Cuando la dureza de la vida llama su puerta y descubre la iniquidad de las instituciones establecidas, surge en su interior un fiero inconformismo y su personalidad sufre un cambio radical. La visión de su mundo se trastoca. Joseph R. dibuja al protagonista con la sencillez y conformismo , casi rayando en la ingenuidad, de los primeros tiempos que luego se convertirá en rebelión. Sin embargo Andreas Pum es siempre un personaje que inspira ternura.
La idea que nos transmite el autor es clara: su preocupación por denunciar las injusticias que siempre padecen las personas más débiles. Lo hace con una prosa justa, sin adornos. Habilidad y precisión son sus características , propias de un periodista como el. El lema de Joseph Roth era “Ser capaz de decir en medio folio cosas interesantes”.
La rebelión
Joseph Roth
Editorial Acantilado, 2008
Posts relacionados
Publicado el Martes, 22 de Abril del 2008 por
Isabel Mallén
En estas vísperas de la celebración del día del libro me pregunto:
¿Cuál es la función de la lectura?
¿Es función de la lectura levantarnos el ánimo y consolarnos?, o, tal vez, explicarnos el horror de la realidad que se nos muestra.
La televisión nos satura de violencia real e imaginada, las noticias nos saltan encima y nos abruman. A veces, por no decir siempre, es más importante que el espectador vea el informativo o que el lector compre el periódico que el contenido en sí mismo de la noticia y su veracidad.
Quizás influidos por esas imágenes apartamos la lectura de esos libros donde, en un leer pausado, podemos imaginarnos fielmente ese horror.
Por qué leer entonces a algunos autores como, por ejemplo, a Cormac McCarthy o Noam Chomsky, si el primero no nos divierte y el segundo nos resulta incómodo.
Si en su último libro “La carretera”, ya comentado en estas páginas, Cormac McCarthy nos muestra la representación misma de la Nada, del vacío a que estamos abocados, en “Meridiano de Sangre” (1985) la amenaza mortal es el Mal.
Harold Bloom, que lo cataloga como un digno discípulo de Melville y de Faulkner, nos dice “por qué leer” a este autor:
“Empezaré por confesar que mis dos primeros intentos de leer “Meridiano de sangre” fracasaron porque retrocedí ante la carnicería abrumadora que retrata McCarthy. Las matanzas y mutilaciones son tan apabullantes, que parece estar leyendo un informe de las Naciones Unidas sobre los horrores de Kosovo en 1999. En las carnicerías que describe no hay un solo detalle gratuito o redundante; ese salvajismo existió en la frontera entre México y Texas entre 1849 y 1850, que son el escenario y la época de la mayor parte del relato. Aunque carece del aura de la ficción histórica, lo que pinta aún hierve en casi todas partes.
Pese a todo, exhorto al lector a perseverar, porque Meridiano de sangre es un logro imaginativo canónico, a la vez novela estadounidense y sangrienta tragedia universal. Es el Homero de la trágica epopeya estadounidense de la matanza y la religiosidad. Hace ya más de dos siglos que los Estados Unidos viven la obsesión de Dios y de las armas; es improbable que ninguna de las dos fascinaciones decaiga.
No es función de la literatura levantarnos el ánimo ni consolarnos prematuramente. Pero yo concluyo afirmando que estas visiones estadounidenses nos ofrecen más, mucho más, que su negatividad higiénica”.
A Noam Chomsky se le reconoce mundialmente como uno de los grandes intelectuales y educadores del siglo XX . En su libro “La (des)educación” este gran lingüista norteamericano critica duramente su sistema de enseñanza.
“El objetivo principal de este modelo colonial es continuar discapacitando a los maestros y estudiantes, de forma que caminen irreflexivamente a través de un laberinto de procedimientos y técnicas. De ello se sigue que el sistema educativo de los Estados Unidos no fomenta el pensamiento crítico e independiente; antes al contrario, nuestras llamadas escuelas democráticas se basan en un enfoque instrumental y acumulativo, que normalmente impide el desarrollo de la clase de razonamiento con la cual se puede “leer el mundo” críticamente y comprender los motivos y relaciones que subyacen a los hechos”
Leer es también otra forma de mirar la realidad y la buena literatura nos ayuda a comprenderla. La literatura puede explicar los acontecimientos al recrearlos y ponerlos en un nuevo contexto. Por eso, en estas vísperas de la celebración del día del libro, vuelvo a preguntarme por la función de la lectura y sobre los libros que fortalecen el espíritu critico dándonos todos los ángulos posibles de ese día a día en que estamos inmersos.
Posts relacionados
Publicado el Lunes, 21 de Abril del 2008 por
Frida
La función de la idea inspiradora, ese algo indeterminado que nos llama la atención y que despierta en nosotros el deseo de crear una historia, es la de poner en marcha la narración y seguir su evolución permitiéndonos descubrir todas sus implicaciones. A medida que la desarrolla, el escritor imagina anécdotas que recrean determinadas situaciones; coloca en ellas a personajes a los que ha dotado de un carácter que considera representativo e imagina sus reacciones. Poco a poco, de episodio en episodio, capítulo a capítulo o párrafo a párrafo, van cambiando diferentes aspectos del personaje hasta que llega un momento en que se produce un cambio completo e irreversible. De esta forma, el mundo ficticio de la narración crece, los distintos acontecimientos se enlazan entre sí y la historia se construye a sí misma, hasta llegar al momento crucial de toda narración: el desenlace, ese cambio último que completa la historia.
Ese desenlace, o clímax narrativo, no es el que el escritor quiera darle, por mucho que haya nacido de su visión del mundo, sino el que está implícito en la historia misma. Es decir, que el significado profundo de una historia no depende de la voluntad del escritor, sino de la propia historia y consiste, sencillamente, en una única frase que describe el cómo y el porqué cambia la vida del personaje central.
Para obtenerla debemos “trabajar hacia atrás”, comparando el final de la narración con el principio. Eso nos permitirá distinguir con claridad los dos componentes esenciales de ese cambio: a) El principal valor literario de la vida del protagonista que ha cambiado de signo a lo largo de la historia; y b) la causa primordial que ha provocado ese cambio de valor. Es decir, valor y causa. En otras palabras, la historia nos dará su propio significado.
Esta frase, que McKee llama la idea controladora, constituye la forma más pura del significado narrativo: condensa la visión de la vida del autor en el mensaje último que transmite a los lectores y permite a éstos asimilarlo a sus vidas. Al contrario que la idea inspiradora, simple detonante de nuestra imaginación al que debemos seguir siempre que contribuya al crecimiento de la historia, pero que más vale abandonar si vemos que ésta, al crecer, se aparta de la premisa original, la idea controladora que conseguimos cuando nuestra narración llega a su desenlace expresa el sentido último de la historia, de ahí que toda la narración esté supeditada a ella y, en adelante, debemos adoptar nuestras decisiones de forma que todos los elementos narrativos utilizados al contar la historia contribuyan a modelarla alrededor de esa idea central.
Ha llegado el momento de examinar todo ese material que tenemos acumulado, descartar todo aquello que no aporte nada a nuestra historia (por mucho que haya párrafos maravillosos) y quedarnos sólo con lo que conduzca a plasmar nuestra idea controladora. Es decir, es hora de dejar de lado la brújula que hasta ahora nos guiaba en la exploración de nuestro mundo interior (la idea inspiradora) y empezar a dibujar el mapa de nuestra historia (estructurar). Sólo si conseguimos que cada frase del diálogo y cada línea de descripción produzcan un cambio en un comportamiento o en una acción, o creen las condiciones que permitan que se produzca dicho cambio, de tal forma que todos esos cambios sumados conduzcan irremediablemente al gran cambio final, podremos estar seguros de que la historia expresará la emoción que queremos sugerir.
Aunque la adopción de un nuevo método de trabajo supone un gran avance, a menudo resulta descorazonadora porque implica que debemos empezar de nuevo. Para entonces, lo normal es haber escrito ya montones de páginas, en las que hemos empleado horas y horas, y ante la vista de tanto material, muchas veces inconexo, el lógico cansancio puede llegar a producirnos una sensación de mareo tal que llegamos a pensar que no somos capaces de hacernos con la historia. Sin embargo, si hemos tenido la voluntad y la constancia de seguirla hasta el final, en cuanto empecemos a hacer el mapa veremos que esto no es así. La historia está ahí. Simplemente, necesitamos ponerla en orden.
Posts relacionados
Publicado el Lunes, 21 de Abril del 2008 por
Diana P. Morales
Cambian los tiempos y, con internet, incluso cambia nuestra forma de relacionarnos con la literatura. No sólo como lectores sino ahora, también, como autores.
La libertad que es la esencia de internet llega ahora al mundo editorial.
Bubok se estrena como una editorial en la que uno mismo puede editar sus libros en un rato, y desde su propia casa.
El proceso es sencillo: te creas un usuario y puedes elegir incluso cómo quieres que vaya el paginado de tu libro, la portada y, por supuesto, el precio. Cuando alguien lo compra, se imprime y se le envía. Bubok se lleva el 20% de lo que vende el autor, con lo que en ningún caso hay pérdidas.
Lleva sólo unos días en marcha y ya hay más de 70 novelas publicadas, entre ellas las del autor Alberto Vázquez-Figueroa, que se ha decidido por publicar sus obras aquí.
Posts relacionados
Publicado el Sábado, 19 de Abril del 2008 por
Reyes Caceres
“El hombre que plantaba árboles” es el típico libro que pasa desapercibido en las librerías. Relato breve, sencillo pero cuidado en el lenguaje, con leves tintes poéticos. Su autor, Jean Giono, escritor francés, lo escribió con la finalidad de “hacer que la gente amase a los árboles, o, para ser más exacto, hacer que amen el plantar árboles”. Historia de la que se sintió orgulloso ya que no le produjo ni un céntimo. Aquí está el fondo de su literatura: en el desinterés y la generosidad.
A lo largo de solo 51 páginas nos habla de un pastor de ovejas, Eleazard Bouffier, que contempla como la tierra se muere por falta de árboles y acomete la paciente tarea de plantar miles a lo largo su vida. Dedica sus años a esta actividad, completamente solo y sin contar con el aplauso de nadie. La Primera Guerra Mundial no es obstáculo para que siga trabajando con esperanza y paciencia.
Afirma el autor “al recordar que un paisaje tan hermoso había brotado de las manos de un solo hombre se dió cuenta que los humanos pueden también crear y no solo destruir”.
El relato es una bella apuesta por el respeto y amor a la naturaleza, a la vez que lanza un delicado mensaje contra los que la destruyen. Como ha dicho Giono “Los seres humanos no fueron creados para vivir en túneles de metro y bloques de pisos, pues sus pies ansían andar a zancadas a través de la hierba alta y deslizarse en corrientes de agua. La misión del poeta consiste en recordarnos la belleza; árboles balanceándose en la brisa, pinos crujiendo bajo la nieve en los desfiladeros, caballos salvajes galopando en la espuma del poniente”
Posts relacionados
Publicado el Viernes, 18 de Abril del 2008 por
Raquel Moreno
Parémonos un momento a reflexionar acerca de la realidad lingüística llamada oxímoron y como se pueden crear nuevos significados con palabras ya existentes. La definición en el diccionario de la RAE es:
(Del gr. ὀξύμωρον).
1. m. Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.
Otros ejemplos son tan bonitos como “amor libre”, tan crueles como “fuego amigo”, tan inquietantes como “justicia criminal”. Podéis encontrar una larga lista en
www.oximoron.es
Nos los solemos encontrar en poesía, pero también en la vida cotidiana, buscádlos y los encontraréis, por ejemplo en este poema de Quevedo:
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!
Posts relacionados
- No existen posts relacionados