¿Nos gusta el teatro?
Estos días pasados hemos podido contemplar en TV dos entregas de premios: los Goya al Cine que entrega la Academia de las Artes y las Ciencias, y los Max al Teatro, organizados por la Fundación Autor y la Sociedad de Autores y Editores (SGAE).
Dichas entregas han sido consecutivas en el tiempo, pero distanciadas, a mi manera de ver, en cuanto a su difusión y al glamour en su representación. No sé las diferencias de los niveles de audiencia televisiva que habrán registrado, pero me temo que ha de ser proporcional a la asistencia de público que llena las salas de cine y de teatro.
Tanto uno como otro se nutren de las historias que tanto nos gustan. Pero esta claro, a juzgar por lo que escribimos, que el teatro no abunda mucho en este blog.
Por mi parte reconozco que al teatro voy menos y no porque no me guste, que me gusta. Un arte difícil y arriesgado donde todos se la juegan: escritor, director, y actores, éstos últimos en un cara a cara con el público diariamente, de ahí su dificultad y también su riqueza. Las sensaciones que genera una buena obra de teatro, bien representada, en el espectador, es algo que no se olvida. Yo nunca olvidaré dos momentos, entre otros. La primera vez que asistí en un teatro de Madrid a la representación de una obra de Molière y el segundo, años más tarde en Barcelona, al estreno de “Equus” de Peter Shaffer, una obra más actual e impactante.
No obstante, no se lee teatro con la facilidad con que leemos una novela, aunque también las hay construidas toda entera en forma de un diálogo torrencial, como la de José María Guelbenzu “Un peso en el mundo”.
Me gustaría saber vuestra opinión sobre el tema. ¿Es sólo por una cuestión económica el motivo de que frecuentemos más las salas de cine? ¿Alguien es aficcionado/da a la lectura de obras de teatro?
Cuando no podía ir, me aficioné a leerlo. Ahora, después de esta reflexión, siento la necesidad de ponerme al día y estar más atenta. Al fin y al cabo todo el saber es una conquista que termina donde empieza: en el libro.
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6 Comentarios
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Tienes razón, cuesta mucho más leer teatro que leer una novela. Yo personalmente creo que es porque en la novela está concebida para que te introduzcas desde un primer momento en el sueño de la ficción (al menos, eso es lo deseable)en virtud de las descripciones de ambiente y personajes hechas por el autor, mientras que en el teatro es necesaria la encarnación de estos elementos en unos actores. Es muy díficil imaginarse a los personajes con unas simples acotaciones, por eso las obras de teatro (como los guiones de cine) se “interpretan”, es decir, el director y los actores le dan una encarnación determinada, una versión, y eso es necesario para sumergirse en la obra.
Es paradójico que el teatro sea un arte escénico bien diferenciado de la literatura, y sin embargo la mayor figura de la literatura mundial sea precisamente un dramaturgo puro como William Shakespeare.
Yo creo que el placer de leer un texto teatral palidece ante el efecto de verlo representado sobre un escenario. Salvo excepciones geniales, el teatro sobre el papel se queda frío, no envuelve al lector como una novela.
Recuerdo que leí “Arte” de Yasmina Reza y me gustó, pero no pasaba de ser un texto ingenioso. Luego la vi representada y descubrí todo lo que no había visto antes, lo que se pierde entre líneas, el territorio invisible donde aparece el genio y la emotividad del actor.
Me confieso apasionado del cine. Me encanta sumergirme en esa suspensión del normal paso del tiempo que se produce en la sala obscurecida cuando nos sumergimos en el ritmos específico de la historia que va brotando del celuloide.
Soy un consumidor indiscriminado de todo tipo de filmes, desde aquellos que exigen tu total complicidad hasta los cuales en lo que no es necesario haber llevado el cerebro a la sala. Todos (bueno… casi todos) producen en mi un efecto salutífero más o menos duradero -ahora si, con una cierta proporcionalidad a la calidad de la obra.
No obstante, la inmediatez del teatro -del cual he disfrutado mucho menos- la cercanía física con los actores, el riesgo de lo que no puede ser ocultado, incluso la mera tridimensionalidad, han logrado marcarme mucho más profundamente que cualquier película a la que haya asistido.
El teatro es creado para su interpretación. Toma vida plenamente sólo sobre las tablas. La lectura de un guión puede dejarnos marcados con frases imborrables. Pero nunca es lo mismo, por fuerte y capaz que sea la imaginación del lector, al despliegue de los artistas sobre el escenario.
Recuerdos imborrables: “El diario de Ana Frank” en una adaptación de los años 70 sobre una obra previa que hizo un norteamericano (de cuyo nombre no soy capaz de acordarme) y “La muerte de García Lorca” del grupo venezolano “Rajatabla” a comienzos de los 80.
Interesantes opiniones las vuestras. Siempre aprendo de vosotros. Gracias.
Me encanta el teatro, y sí, es más caro para el público. Es más rápido de leer una obra teatral que una novela, por su agilidad en su composición dialógica,pero requiere la representación. Y en ese tema, ha habido “batallas” entre dramaturgos y directores de escena. El teatro de vanguardia ha desplazado la palabra por un lenguaje específico y propio del teatro, lo visual, la escena, y muchos autores han puesto su énfasis en la importancia del actor, quien con su cuerpo y sus gestos visualizan la obra, los sentimientos, o incluso lo han desplazado al espectáculo en sí. Hay adaptaciones que difieren mucho de la obra. Es un acto de valentía diario representar una obra de teatro y su comunicación directa con el público. Resulta un mundo muy interesante.
Desde luego ir al teatro resulta caro, aunque si de antemano sabes que es una buena obra y los actores en su interpretación son excelentes, merece la pena. Contemplar una obra de teatro me hace vibrar a la vez que partícipe. Sin embargo, leerla lo he intentado pero no pasé de las primeras páginas. En otoño, época de estrenos, suelo desplazarme a Madrid para ver alguna obra. La última que asistí fue “La Casa de Bernarda Alba”.
Por curiosidad, también he asistido a una versión del cuento “Alicia en el pais de las maravillas” puesta en escena en el Teatro Negro, de Praga. Muy interesante.