“Lo verdadero es demasiado sencillo, pero siempre se llega a ello por lo más complicado…”(2)
George Sand representa a la mujer que, en cierto sentido, a algunas nos gustaría ser: escribió mucho y bien, y logró disfrutar de su intensa vida social sin descuidar a los suyos. La producción literaria de Sand asciende a más de cien libros, pero esto no le impidió dedicarse de lleno al cuidado de sus hijos y de sus nietos. Jugaba con ellos y les contaba cuentos mientras los niños la escuchaban encandilados. Una editorial española ha editado “Cuentos de una abuela”, que recoge los relatos que contaba a sus nietos antes de dormir.
Pero a pesar de ser una escritora respetada en su tiempo, con libros vendidos en Francia y en Europa los cuales, además, contaron con el beneplácito de la crítica, y a pesar de ser la escritora francesa más importante del siglo XIX, tras su muerte en 1876 sus escritos fueron palideciendo. El resurgir de la crítica feminista ha puesto otra vez en boca de todos la importante aportación literaria de George Sand.
A comienzos del siglo XX sus obras se reeditaron poco, pero los chismorreos acerca de su vida privada fueron creciendo: que si era ninfómana, que si vestía pantalones… nunca se desprendió de la fama de marimacho y de frívola. La verdadera Sand, era, sin embargo, una socialista comprometida con los obreros de las revoluciones que azotaron París en aquellos tiempos, defensora de los perseguidos políticos, no descuidó sus relaciones personales (entre sus amigos se encuentran Flaubert, Liszt, Delacroix, Balzac, Chopin…); una mujer que escribía sin parar todas las noches, que reflexionaba sobre la literatura, el matrimonio y la situación de la mujer, que cocinaba, cosía y hacía mermeladas, que pagaba bien a los campesinos y cabalgaba por los campos vestida de varón.
Su obra resulta aún revolucionaria y, como romántica convencida que era, su compromiso social fue firme: así, su interés por los amores desiguales, las mezclas entre las clases sociales y las diferencias de edad, la violencia entre los sexos, sus planteamientos sobre los intercambios de roles y de expectativas de género, marcaron el nacimiento de la novela moderna.
El 8 de junio de 1876, George Sand falleció en Nohant. Ella que defendió la voluntad de amar por encima de todo, no pudo tener mejor homenaje que el de estar rodeada del cariño de sus nietos y de los amigos que la acompañaron hasta su último aliento.
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4 Comentarios
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Interesantísima autora, sin duda. Estoy familiarizada con su vida, pero ¿cuál de sus libros recomiendas para comenzar a acercarse a ella como escritora?
Gracias Lore por este post, bien escrito como todos los tuyos, pero que ha hecho resonar en mi una serie de recuerdos adormiscados.
Una de mis pasiones (literatura y brebajes aparte) es la música mal llamada Música Clásica. Allá a finales de los 70 (¡que lejos parecen quedar!) sufrí una inmersión espiritual en la obra de Fréderic Chopin, tan consonante él con las pasiones amorosas de la juventud, y entré en conocimiento de su extraña relación con George Sand.
En aquel entonces no fui capaz de darle una explicación a la que se me antojaba una relación extremadamente desigual: él, un hombre de un talante quasi femenino, acomodaticio con la alta sociedad francesa (la más refinada y sin embargo snob de toda la historia) y de una salud precaria que lo lleva a una muerte prematura (en aquellos días yo mismo ansiaba dentro de una pose absolutamente Wertheriana una vida brillante y corta, cuestión que no hacía más que acercarme a la obra de Chopin) con una mujer tremendamente vital y enérgica que llevo ropas masculinas (no sólo para montar a caballo como comentas en tu post) que fumaba (o horror) cigarros en público y que se separa de su marido un noble de la más alta extracción. Al final tuve que conformarme pensando que así eran los genios.
Años después, a mediados de los noventa, visité en la isla de Mallorca un monasterio (de cuyo nombre no soy capaz de acordarme) en el que convivieron durante un largo y lluvioso invierno un Chopin muy enfermo y una George Sand, que yo no conocía, una mujer que al parecer se comportaba de una forma casi amorosamente maternal con el compositor.
Durante esa temporada Chopín compone mis dos obras favoritas de este autor: los Preludios y las Polonesas y la escritora desarrolla el único libro que he leído de ella: “Un invierno en Mallorca”.
El libro que me encantó y que me hizo prometerme que buscaría otros de la autora (ya veis, me falta la palabra hasta conmigo mismo) narra por una parte el ambiente físico de la isla y, mucho más interesante, el choque cultural que se produce entre la refinada pareja (sobre todo la propia Sand) y la ranciamente provinciana población local.
Acabo de mirar en mi biblioteca y no he sido capaz de encontrar el libro (mi vicio de prestar libros sin recordar a quien), pero recuerdo que era bastante corto y que se leía rápidamente.
Eso si, Diana, si quieres una recomendación de lectura (perdona Lore el atrevimiento) sin duda “Un invierno en Mallorca” no te decepcionará.
Sigue siendo interesante tu punto de vista, más desconocido, sobre George en este post. ¡Qué mujer más completa!
Mi interés hacia George Sand surgió hace años de la manera más trivial: guardaba un parecido asombroso con la madre de una amiga. Cuando comencé a indagar sobre su vida me lleve una gran sorpresa al comprobar lo interesante que era aquella mujer. Una existencia apasionante, pareja y amiga de dos de mis compositores favoritos (Chopin y Liszt), escritora incansable… me costó encontrar libros de la autora, muchos no estaban traducidos (y yo de francés, ni idea) recuerdo que me gustó “ Historia de mi vida”. Ahora estoy releyendo “Negu batez Mallorcan”, la traducción al euskera de “Un invierno en Mallorca”, libro recomendable, como bien dice Ramón. “Cuentos de una abuela” me espera sobre la mesilla, intuyo que los relatos que encierra este libro tienen que ser preciosos…
Os agradezco vuestros comentarios, compañeros!
(Ramón, muy interesante tu personalísimo acercamiento a la vida de George Sand, ah, y cuando vuelva a Mallorca no me perderé la visita a la Cartuja de Valldemossa…).