Entré en la Librería Beta sita en la Plaza de la Gavidia, en el corazón de Sevilla. Pululé un rato como suelo hacer esperando que la tapa seductora de una buena novela me tirase los tejos. Aquel día estaba receptivo, digamos que andaba cachondo, así que no me hice de rogar. A las primeras de cambio topé con un título que me sonó a propuesta indecente: “La forja de un ladrón” de Francisco Umbral. Mi inconsciente (no digo subconsciente, a pesar de que me suena mucho mejor, porque una amiga mía psicóloga dice que bajo el consciente no hay nada y no es un término correcto, ¡va por ella!) no pudo evitar con celeridad skiniana rememorar el clásico televisivo ¡yo he venido a hablar de mi libro! Y esbocé una sonrisilla pícara. Lo abrí para olerlo, claro, y sentí el azote de las feromonas. Así que… ¿en tu casa o ...
Philip Marlowe (“Felipe Marlou” escuché una vez en algún doblaje cinematográfico infame), saca su botella de whisky y se la “echa al coleto” (bueno, sólo la mitad, que está de servicio). Tiene un difícil caso entre manos (chantaje, pornografía -por aquí ha empezado la cosa-) y necesita la ayuda del líquido elemento para aclarar sus ideas.
Solitario, duro y honrado -”dolorosamente honrado“-, este detective de Los Ángeles protagoniza la primera novela que salió de la pluma de Raymond Chandler, otro de los maestros del género negro, digno continuador de Dashiell Hammet, al que me referí en mi anterior reseña.
The Big Sleep (o El Sueño Eterno, como se tituló en España) sitúa a este perspicaz “sabueso” en la cara más sórdida de la ciudad californiana, rodeado de millonarios excéntricos, mafiosos sin escrúpulos, policías no demasiado honestos -”todo lo honesto que cabe esperar de un hombre que vive en un ...