Si el lenguaje estuviera vacío de contenido, ¿cómo podríamos polemizar? ¿Son las palabras las culpables o nuestra carga afectiva y psicológica el motivo de las controversias?
Estos días ha llamado mi atención la polémica creada por un artículo publicado en El País “Revanchismo de género“. La propia defensora del lector debido a la conmoción que suscitó contestó expresando el malestar con otro “¿Quién teme al feminismo?” Y también hubo un tercero con el título “Machismo y mordaza“. De los tres pongo el enlace porque para quien lo quiera leer.
No voy a entrar en el tema porque no es el lugar. Lo que quiero es fijarme en el significado de las palabras, y para eso escojo las dos en negrita del primer párrafo del artículo causante del revuelo:
“Su mirada es diáfana y la complementa con una sonrisa displicente, quizá un punto altanera”.
Tanto en este párrafo, como en los sucesivos, pienso que han ...