Ahora que hace treinta años de la muerte de Alfred Hitchcock, convendría ver de nuevo sus películas para comprobar que mucho cine que vino después bebió de sus influencias. Un cine, el suyo, que por muchos “avatares” que vengan no hará que olvidemos la sensación de opresión, de angustia, de calor mental creciente que se operó en nosotros ante muchas de sus escenas. Se ha hablado y escrito mucho de la relación del cine con la Literatura, pero hoy por la temática de este director me gustaría destacar la relación del cine con lo psicológico.
Los rituales que empleamos cuando nos vamos a dormir tienen una relación especial con los que anteceden para ver una película. En ambos casos nos estamos preparando para la proyección de nuestros deseos, nuestras frustraciones y nuestros miedos.
Sentados en nuestra butaca, en una sala oscura, donde la luz proviene de un solo punto, nos transportamos hacia ...