Ayer estuve en la tienda de artículos de segunda mano de mi pueblo, que cumple la función de reciclar los enseres que la gente ya no usa; es decir, les busca un nuevo dueño. Necesitaba una canasta o depósito para guardar mis chales y sombreros. Encontré un baúl de mimbre, laqueado con esmero, de buen ver, agarraderas de cobre que parecía antiguo y fino. Anoté las medidas en un papel, porque no estaba segura si iba a caber debajo del perchero que es donde pensaba colocarlo. El dependiente me dijo que lo reservaría hasta la hora de cierre, junto con unas revistas que me parecieron interesantes. Pedaleando a toda velocidad y mientras el viento peinaba mis cabellos, llegué a casa. Tomé las medidas del espacio donde iba a entrar el baúl, pero me pareció que iba a ser muy grande, iba a sobresalir demasiado. Entró una llamada telefónica y me ...