Atenerse a mis facultades para realizar una crítica literaria confiable resulta, sin duda, un desatino. Es evidente que si ejerciera esta capacidad con cierta virtud, debería cuestionarme, cada que me encuentro frente al ordenador: ¿qué diablos hago aquí?… no, no nos engañemos, no suelo hacerlo… En fin, tómese esta laxitud como una precaución que alerta sobre los posibles efectos adversos en la ingesta de esta receta…
Más allá de la vorágine que nos arroja a las fauces del consumo en estas fechas, mi espíritu optimista, entre lúdico e ingenuo, apela a la fallida memoria capaz de encubrir proyectos de redención malogrados durante el año. Así, nuevamente instalados en el fantástico intersticio que precede el comienzo del calendario; la contrición y el propósito de enmienda suponen un buen entorno para encausar almas descarriadas hacia el mundo de los libros. No obstante, se debe procurar no extralimitarse en este afán. Lo fundamental, para ...
“Estamos hechos de la misma materia que nuestros sueños”
William Shakespeare
Más que enfocarnos en la insípida actividad fisiológica del acto de dormir, que infiere el estado de reposo uniforme del organismo, nos abocaremos al talante alegórico de soñar; la gracia de tener un sueño. Los eruditos describen al proceso de soñar como aquel que nos sumerge en una realidad virtual formada por imágenes, sonidos, pensamientos y/o sensaciones. Si bien, el acto es el mismo, la forma de adentrarnos en ese fantástico mundo puede variar considerablemente.
Tal vez la más trillada de todas, sea disponerse a dormir. Y bueno, si esta es la ruta elegida para soñar, es apropiado realizar dicha actividad en casa y por la noche; es decir, no parece recomendable dormir en lecho ajeno u horas de trabajo, ya que, dependiendo de las circunstancias, en lugar del ansiado sueño podríamos tropezar con fatídica pesadilla.
Para dormir, las abuelas sugerían con ...
Aseguran los viejos de la comarca que el amor es ciego… Pues bien, si a este vetusto conocimiento añadimos que el desamor es una sensación sorda, nos quedará claro que el ciclo amoroso cursa en medio de una discapacidad inusitada, que evidentemente incita a la mudez y a la parálisis.
No obstante, si usted es una más de las miles y miles de víctimas del desamor, no se deje llevar por juicios apresurados. Debe saber que, así como para el amor no hay gotas o ungüentos oftálmicos que atenúen la temporal ceguera, para la sordidez que produce el desamor no habrá solución ótica que valga. Deseche de inmediato el consejo acomedido y ligero, de quien recomiende esos menjurjes.
En realidad, es menester señalar que este padecimiento se presenta con distintos grados de intensidad. El desamor leve, se distingue por venir acompañado de un sentimiento de desconsuelo que normalmente cede dentro de las ...
Estar solo no es padecer soledad, aunque la madrugada de un viernes y en mitad de un bar, pueda parecernos igual. Es evidente que eso, no se trata de una patología, sino, bajo ciertas circunstancias, puede que resulte un auténtico privilegio.
La soledad en realidad es un trastorno mucho más profundo y melancólico que la simple tristeza pasajera o la nostalgia temporal. La soledad es una sensación de aislamiento y abandono que no logra atenuarse ni con la propia compañía.
Así, antes de comenzar cualquier tratamiento indicado contra la soledad, asegúrese de que realmente la padece y que no simplemente cursa por un episodio, agudo y febril, ocasionado por algún capricho sexual no satisfecho. Lea un buen libro al compás de música suave, escriba un poco y deje que se acerquen algunos buenos pensamientos o, en caso extremo, mírese al espejo, examínese bien el cutis y exprima, con delicadeza, algún lipoma (bolita ...