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	<title>Literatúrate &#187; De la botica&#8230;</title>
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		<title>Remedios para los &#8220;primidos&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Feb 2008 20:28:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Gutiérrez Llama</dc:creator>
				<category><![CDATA[De la botica...]]></category>

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		<description><![CDATA[No puedo arrepentirme de mi melancolía Y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito1…  Toca el turno a un singular grupo de patologías que pueden agruparse bajo el sufijo “primidos”. Ellas, de algún modo, afectan a la mayor parte de los individuos, al menos, en alguna etapa de su vida. Ahí encontramos a los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img align="top" width="298" src="http://www.artofeurope.com/van_gogh/van21.jpg" height="386" /></p>
<p><em>No puedo arrepentirme de mi melancolía</em></p>
<p><em>Y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito<sup>1</sup>…  </em></p>
<p>Toca el turno a un singular grupo de patologías que pueden agruparse bajo el sufijo “<em>primidos</em>”. Ellas, de algún modo, afectan a la mayor parte de los individuos, al menos, en alguna etapa de su vida. Ahí encontramos a los oprimidos y su histórico conflicto de clases. Los exprimidos y el creciente comercio y la explotación humana; aunque no deja de ser paradoja calificar estas prácticas “de humanas”. Los comprimidos y descomprimidos que oscilan entre anorexias y obesidades conforme dicta la moda y/o, entre el hambre y la gula, para quien disgusta lo trivial y prefiere ir al extremo. Los reprimidos, ¡vaya legión! Ahí, hallamos psicosis en variedad y alcance; desde el temple y el absoluto dominio, hasta la cohibición y la parálisis. Con certeza, en esas andanzas, ninguno hallará monotonía debiendo lidiar con traumas y tabúes.  Los suprimidos y la perpetua reminiscencia del mítico Caín y, finalmente, el grupo que se postula como el más numeroso de la época posmoderna: los deprimidos. Para hacer todo al revés, empecemos por los últimos.   </p>
<p>Pues bien, debo decir, sin afán de desilusionar a quien entiende este mal como asunto de boga y actualidad, que ya en el Siglo V (a. de C.) se documenta en diversos fragmentos hipocráticos la llamada “melancolía”. Dicho estado anímico que se presenta sin causa específica y que corresponde a la depresión clínica actual, se caracteriza por la falta de entusiasmo a la actividad en general. En ese tiempo, la enfermedad se atribuía al exceso de bilis negra (“<em>mela</em>” negro; “<em>kholé</em>” bilis), uno de los cuatro humores corporales (flema, sangre, bilis y bilis negra). Así, para los antiguos expertos, la privación de la luz contextúa la terrible oscuridad en que habita la persona afectada. Definida siglos después por Constantino “el africano” (año 1000) en su obra “<em>De la melancholia</em>” esta se caracteriza por:“<em>E</em><em>l temor de algo que no debe ser temido, el pensamiento en algo que no debe ser pensado, la certeza de un hecho temible que no es real y la percepción de algo que no existe</em>.”</p>
<p>Muchos siglos adelante, sabemos que la depresión está asociada a la secreción de ciertos neurotransmisores (serotonina principalmente). Sin embargo, esto, por pomposo que pueda sonar, desafortunadamente no es suficiente para esclarecer por qué razón un individuo -sin motivo real-, naufraga en las tinieblas de su pensamiento y se hunde en un mundo tan lúgubre como imaginario… No, no se confunda, no hablo de ningún estado emocional producto de circunstancias adversas verídicas, eso, en general, podría llamarse tristeza, aflicción, desasosiego, qué sé yo. En realidad, trato de lo inexistente. Y bueno, si a especular vamos, habría que plantear un tratamiento útil para contrarrestar ese universo ficticio.</p>
<p>Desde su raíz primigenia (“<em>de</em>” hacia abajo; “<em>premere</em>” hacer presión), la depresión significa lo que “empuja y presiona hacia abajo”, y en ello, sin duda, está la gravedad. Sí, la gravedad que nos atrae constantemente y nos impide volar a demanda. Innegablemente, al dejar que esta fuerza magnética aumente, progrese y ejerza mayor influencia sobre nosotros, se corre el riesgo de terminar en el seno de la tierra; parafraseando a Cortazar, es obvio que “<em>allá en el fondo está la muerte</em>”… De ahí que sea menester combatirla. </p>
<p>1. Descarte soluciones “mágicas e ingenuas”. De tal suerte, evite el exceso de grasa en los alimentos y/o la ingesta y consumo de cualquier agente con el que pretenda elevar la presión. Esto, en vez de ayudar, puede resultar contraproducente. La hipertensión es una de las principales causas de muerte en el mundo. Ahora que, si padece de depresión profunda, deseche la medida como método suicida; para su desgracia, esta vía conlleva una lentitud pasmosa.</p>
<p>2. Aléjese del yoga o cualquier tipo de filosofía oriental. Suponer cierta la “ley de la compensación”, mediante la cual las grandes montañas equilibran a las grandes profundidades, no le dejará más alternativa que salir a la calle a quitarle, a toda costa y por cualquier medio, la cara de felicidad al primer imbécil sonriente.</p>
<p>3. No abrigue esperanzas si alguien se acerca para darle una “inyección de ánimo”. Tal vez su intención sea buena pero, en realidad, esta es una sustancia altamente inestable que no se consigue en cualquier farmacia; evítese el pinchazo.</p>
<p>4. Trate de ser objetivo pero tenga cuidado para no malinterpretar esta recomendación. Una cosa es la objetividad que permite analizar y definir la verdadera situación por la que se cursa, y otra muy distinta es ser objetivo… de críticas, desdenes y toda clase de desaires. Esto último, solo empeorará las cosas.</p>
<p>Como puede ver, las medidas expuestas resultan meramente paliativas pero… ya que tratamos de una patología que se sustenta en lo imaginario e intangible, que le parece si hablamos del espíritu. Sí, del espíritu; esa sustancia -supongo que gaseosa-, que nos deambula dentro. Y bien, he de decir que, para el caso, su característica neumática le confiere una gran virtud: la volatilidad. Así, céntrese en él, fortalézcalo, libérelo y déjelo que sobrepase los límites de un cuerpo y una mente que se rehúsan y temen a la altura y, si fuera necesario, autorícelo para que mande “a volar<sup>2</sup>” a sus huesos…</p>
<p>Ah!&#8230; y por cierto, concluya entonces con el inicio:</p>
<p><em>Qué vergüenza</em></p>
<p><em>Carezco de monstruos interiores<sup>1</sup>… </em></p>
<p>José Gutiérrez Llama (México, 2008)</p>
<p>1. Monstruos de Mario Benedetti</p>
<p>2. A volar.- A paseo. Expresión que se emplea para despedir a alguien con desprecio o disgusto, lárgate, lárguese. Diccionario Breve de Mexicanismos. Guido Gómez Silva. Fondo de Cultura Económica. México, 2001.</p>
<p>Imagen: &#8220;On the threshold of eternity&#8221; &#8211; Vincent Van Gogh</p>
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		<title>Remedios para los que no tienen remedio</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jan 2008 01:57:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Gutiérrez Llama</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El comienzo del año es una celebración ancestral que ocurre en diversas culturas del mundo. De acuerdo a la tradición judía, el Rosh Hashaná (año nuevo) se celebra en septiembre/octubre por considerar que en ese mes (thisrei) Dios creo al mundo hace 5,768 años. La festividad inicia la noche previa y abre un período de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img align="left" width="247" src="http://manuela.blogia.com/upload/embrion.jpg" height="269" />El comienzo del año es una celebración ancestral que ocurre en diversas culturas del mundo. De acuerdo a la tradición judía, el <em>Rosh Hashaná</em> (año nuevo) se celebra en septiembre/octubre por considerar que en ese mes (<em>thisrei</em>) Dios creo al mundo hace 5,768 años. La festividad inicia la noche previa y abre un período de meditación, auto-análisis y arrepentimiento que finaliza con el día del perdón (<em>Yom Kippur</em>).</p>
<p>A su vez, <em>Diwali</em> (Festival de las Luces) es un festejo hindú de cinco días que se celebra en octubre/noviembre y conmemora la victoria del bien sobre el mal protagonizada con el regreso de <em>Lord Rama, </em>después de librar una batalla de fortaleza y virtud para derrotar a <em>Ravana</em> (monarca de <em>Lanka</em>) quien tenía secuestrada a su esposa <em>Sita</em>. Al retorno, <em>Rama</em> es coronado rey de <em>Ashoka</em> y emperador del mundo, con lo cual inicia un reinado de felicidad, paz, prosperidad y justicia hace once mil años. El primer día, se abren las ventanas para recibir a <em>Laksmi</em> (diosa de la Fortuna). El segundo se rinde culto a <em>Kali </em>(diosa de la Fortaleza) y se promueve abolir la pereza y el mal. El tercero las lámparas se encienden para simbolizar conocimiento y reflexión respecto de los buenos propósitos. El cuarto se cierran las antiguas cuentas y se alienta a eliminar el enojo, el odio y la envidia. El último se recuerda a <em>Bali</em> (antiguo rey hindú) con objeto de ver lo bueno en el prójimo, incluido el enemigo.</p>
<p>El origen del Festival del Año Nuevo Chino se remonta miles de años atrás en una fábula que alude a un pueblo que fue destruido por <em>Nien</em> (monstruo maléfico) una noche de invierno. Anticipando una nueva visita, los pobladores utilizaron artificios rojos, tambores y <em>gongs</em> para ahuyentar a la bestia. El rojo simboliza el fuego y durante mucho tiempo se ha creído que espanta al mal y la mala suerte. El plan tuvo éxito y la celebración duró varios días. El festejo se inicia el día 24 del decimosegundo mes lunar. Se cree que en esa fecha, los dioses ascienden al cielo para presentar sus respetos al <em>Emperador de Jade. </em>El mismo día, se pegan “coplas de primavera” alrededor de la casa (escritos con bendiciones y palabras de buena suerte). El quinto día se quitan las ofrendas y la vida retorna a la normalidad. Sin embargo, la celebración no solo es diversión, y ciertos tabúes y supersticiones de esa temporada se mantienen (i.e. se prohíbe hablar de la muerte; hay que mantener encendido el incienso y las velas de los altares para llamar a la longevidad, etc.). Esta festividad iniciará el próximo 7 de febrero y con ello dará inicio el año 4,706.  </p>
<p>En el cristianismo, el año nuevo no rememora ningún acontecimiento especial. El mundo occidental establece el inicio del año en honor a <em>Juno</em> (<em>Ianus: </em>que mira delante y detrás. Dios protector de las puertas y los comienzos, representado con dos caras; una barbuda y vieja y otra joven). El 1 de enero, Ovidio imaginó que dicha deidad se le apareció y, desde entonces, los romanos invitaban a comer a los amigos y regalaban ramos de laurel u olivo procedentes del bosque sagrado de <em>Strenia</em> (diosa de la salud) como augurio de buena fortuna y felicidad. De esto proceden los “<em>strenae</em>” romanos (obsequios de año nuevo) que incluían jarros de miel con dátiles e higos conteniendo la leyenda: “para que pase el sabor amargo de las cosas y que el año que empieza sea dulce”.</p>
<p>¿La transformación?, ¿El arrepentimiento?, ¿Los remordimientos?, ¿La ingesta de sustancias tóxicas?, ¿La simple emoción del momento?&#8230; qué sé yo lo que pudo influir en usted para alentarle a emitir, con ingenua inconsciencia, un vasto surtido de promesas de redención y buenos propósitos. ¿No recuerda? Tal vez a quince días de distancia, la noche de año viejo haya sido selectivamente borrada de su memoria; si es así, asunto resuelto, a veces así funciona nuestro prodigioso sistema inmune. Ahora que, si el recuerdo aún yerra por su mente y siente que el esqueleto flaquea ante la tentación que prometió erradicar o, más aún, si ya sucumbió víctima de su sortilegio y encanto… reconózcalo, es usted de esas personas… ¡qué no tienen remedio!  </p>
<p>Y cuando digo esto, en evidencia, no tengo la intención del desahucio. Tampoco, por supuesto, de descalificarlo por la falta de voluntad para emprender grandes transmutaciones; por el contrario, si hubiese algo que reprochar sería la reincidente actitud que le lleva a la insufrible oblación en aras de mejora. Por tanto, me parece recomendable evitar la frustración.</p>
<p>Salgamos del embrollo con dignidad. Para ello, usted cuenta con tantas oportunidades como festejos de año nuevo he referido. La más próxima es el 7 de febrero. Celebre con fervor el inicio del nuevo ciclo. Ahí, atendiendo a su inagotable costumbre de hacer votos, simplemente propóngase -lleno de convicción-, retractarse de cualquier promesa previa e incongruente. Después, acéptese de una vez por todas, evite los remordimientos recordando a Nietzsche, que los define “<em>como la mordedura del perro en la roca</em>”; así de estúpidos pues y, sobre todo, por ningún motivo se desilusione de usted mismo (ilusión en la virtud lúdica que le otorga la raíz: <em>ludere</em>, “jugar”). Es indudable que “<em>los condenados a muerte&#8221;</em>, tenemos derecho a ciertas licencias…</p>
<p>Concluya el rito, evocando y repitiendo un sagrado &#8220;<em>mantra</em>&#8221; de Neruda (Pido permiso para nacer): Sin más queja, dolido y reparado / por la caricia de este útero abrazante, / aquí estoy: recíbanme. Soy digno. / Me perdono y perdono a quien me hiriera. / Vengo a darles y a darme íntimamente / una nueva ocasión de parimiento / a la vida que siempre mereciera. / Me la ofrezco y la tomo. Me redimo. / Con permiso o sin él, YO me lo otorgo: / me doy permiso para sentirme digno, / sin más autoridad que mi Conciencia. / Bendito sea este Renacimiento.</p>
<p>José Gutiérrez Llama (México, 2008)</p>
<p><a href="http://www.ensentidofigurado.com/"><font color="#800080">www.ensentidofigurado.com</font></a></p>
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		<title>Remedios para sortear un compromiso navideño</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Dec 2007 18:56:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Gutiérrez Llama</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Atenerse a mis facultades para realizar una crítica literaria confiable resulta, sin duda, un desatino. Es evidente que si ejerciera esta capacidad con cierta virtud, debería cuestionarme, cada que me encuentro frente al ordenador: ¿qué diablos hago aquí?… no, no nos engañemos, no suelo hacerlo… En fin, tómese esta laxitud como una precaución que alerta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img align="left" width="171" src="http://www.letralia.com/136/desgracia.jpg" height="277" />Atenerse a mis facultades para realizar una crítica literaria confiable resulta, sin duda, un desatino. Es evidente que si ejerciera esta capacidad con cierta virtud, debería cuestionarme, cada que me encuentro frente al ordenador: ¿qué diablos hago aquí?… no, no nos engañemos, no suelo hacerlo… En fin, tómese esta laxitud como una precaución que alerta sobre los posibles efectos adversos en la ingesta de esta receta…</p>
<p>Más allá de la vorágine que nos arroja a las fauces del consumo en estas fechas, mi espíritu optimista, entre lúdico e ingenuo, apela a la fallida memoria capaz de encubrir proyectos de redención malogrados durante el año. Así, nuevamente instalados en el fantástico intersticio que precede el comienzo del calendario; la contrición y el propósito de enmienda suponen un buen entorno para encausar almas descarriadas hacia el mundo de los libros. No obstante, se debe procurar no extralimitarse en este afán. Lo fundamental, para evitar malestares, es la precisión en el diagnóstico. Como es bien sabido, la apetencia por las letras pasa por ese que solamente reacciona al rústico antojo que produce la sopa con figuritas de pasta; por quien prefiere un volumen de colección para engalanar la biblioteca y, por aquel que practica la lectura con devoción oficiosa. Con certeza, quien representa mayor complejidad terapéutica es el último caso. Por tanto, vamos a enfocarnos en este.</p>
<p>Para efectos prácticos, recomendar un libro es tanto como sugerir la compañía íntima y nocturna que antecede el dormir. Asunto delicado pues. En ambos casos, pareja o lectura, se aconseja prudencia. Así, la sensatez me inclina a proponer a quien goza de reconocimiento y prestigio; aunque ello no garantice satisfacción… la impresión personal, en los campos erótico y estético, siempre resulta subjetiva.</p>
<p>“<strong>Desgracia</strong>”, novela escrita por <strong>J. M. Coetzee</strong> (premio Nobel de literatura 2003) pareciera reunir estas características. Sin pretender ahondar en la trama, la obra inicia cuando se descubre la relación íntima de <em>David Lurie</em>, profesor universitario con una de sus alumnas. Antes que disculparse, <em>David</em> renuncia a sus clases. Decepcionado, deja la cuidad para ir a vivir, con su hija <em>Lucy</em>, al campo sudafricano. Lejos de la gran urbe, los códigos morales y conductuales son menos sofisticados y el resentimiento racial (aún presente) se manifiesta con violencia. La inmersión de <em>David</em> en este nuevo mundo se sucede con infortunio…</p>
<p>Si bien la historia cursa entre la adversidad, me parece que en la obra de <strong>Coetzee</strong> subyace el mensaje que alerta (constantemente) sobre una desgracia mayor que cualquier acontecimiento narrado. La sumisión y avasallamiento de los personajes, ante la realidad contundente, reflejan tal desesperanza y claudicación, que solo podrían explicarse a través de un proceso tan brutal como quirúrgico, de exanimación.</p>
<p>Por momentos (a mi juicio), la fuerza y profundidad narrativa del sudafricano, nos conduce, de manera casi imperceptible y con liviandad mágica, por pasajes tridimensionales. Es decir, la voz que relata lo que sucede al exterior del personaje, aquella que invade la mente del mismo y, finalmente, la que hurga y se vuelca sobre sí, a través de la propia reflexión de la voz. Y bueno, más allá de esto y por si aún fuera poco, a lo largo de la novela es posible encontrar algunas ideas que, siguiendo en la analogía de la noctámbula comparsa, son placentera caricia. Insisto, en estas artes, la percepción del bien hacer es cuestión de gusto. Así, simplemente quisiera destacar algunas frases que por sí mismas (más allá del contexto de la obra) parecen insinuante convocatoria a la cavilación postrera:</p>
<p>(…) <em>porque la belleza de una mujer no le pertenece solo a ella</em> (…)</p>
<p>(…) <em>nadie puede vivir en la imaginación, ¿cómo protegerla de la realidad?, entonces habrá que impulsar su coexistencia</em> (…)</p>
<p>(…) <em>a medida que los órganos sensoriales llegan al límite de su poder perceptivo van agrandándose, pero en el momento en que expiran, vuelven a encenderse como una vela para atisbar lo invisible</em> (…)</p>
<p>(…) <em>eres una presencia que respira</em> (…)</p>
<p>(…) <em>el que enseña aprende la lección más profunda, mientras que el que aprende, no aprende nada</em> (…)</p>
<p>(…) <em>la venganza es como el fuego. Mientras nos devora, más hambre tiene</em> (…)</p>
<p>(…) <em>el lenguaje a que se confía con tanto aplomo, es un lenguaje hastiado, que se desmenuza con facilidad, que está recorrido por dentro, como si lo hubieran atacado las termitas. Solo cabe fiarse de los monosílabos y tampoco de todos</em> (…)</p>
<p>A pesar que lo dicho le pueda parecer sugerente, es menester advertir sobre la precaución en recomendar este texto. La desolación (aún en pequeñas dosis) no siempre es aconsejable en época decembrina, cuando los estados depresivos (según la estadística), se exacerban. Por tanto, debe cuidar de prescribir esta lectura a espíritus frágiles y medrosos. Quizá para esos casos, piense mejor en&#8230; mmm&#8230; <strong>Og Mandino</strong>&#8230;</p>
<p>José Gutiérrez Llama (México, 2007)</p>
<p><a href="http://www.ensentidofigurado.com/">www.ensentidofigurado.com</a></p>
<p>Título: <strong>Desgracia</strong>, Autor: <strong>J .M. Coetzee</strong>, Editorial: <strong>Grijalbo-Mondadori</strong> (257 págs).</p>
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		<title>Remedios para el insomnio</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Dec 2007 11:30:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Gutiérrez Llama</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Estamos hechos de la misma materia que nuestros sueños” William Shakespeare Más que enfocarnos en la insípida actividad fisiológica del acto de dormir, que infiere el estado de reposo uniforme del organismo, nos abocaremos al talante alegórico de soñar; la gracia de tener un sueño. Los eruditos describen al proceso de soñar como aquel que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img src="http://www.ghandi-arg.com.ar/f-ghandi-2005/ghandi-5-009.jpg" align="left" height="222" hspace="4" vspace="4" width="160" />“Estamos hechos de la misma materia que nuestros sueños”</em></p>
<p><strong><em>William Shakespeare</em></strong></p>
<p>Más que enfocarnos en la insípida actividad fisiológica del acto de dormir, que infiere el estado de reposo uniforme del organismo, nos abocaremos al talante alegórico de soñar; la gracia de tener un sueño. Los eruditos describen al proceso de soñar como aquel que nos sumerge en una realidad virtual formada por imágenes, sonidos, pensamientos y/o sensaciones. Si bien, el acto es el mismo, la  forma de adentrarnos en ese fantástico mundo puede variar considerablemente.</p>
<p>Tal vez la más trillada de todas, sea disponerse a dormir. Y bueno, si esta es la ruta elegida para soñar, es apropiado realizar dicha actividad en casa y por la noche; es decir, no parece recomendable dormir en lecho ajeno u horas de trabajo, ya que, dependiendo de las circunstancias, en lugar del ansiado sueño podríamos tropezar con fatídica pesadilla.</p>
<p>Para dormir, las abuelas sugerían con excesivo pudor, que el acto fuese precedido por un vaso con leche tibia… Quizá en el albor y hervor lácteo, homologaban pureza y calidez para ofrendarse y transitar por el insondable territorio de <em>Hipnos </em>(sueño) y su gemelo <em>Tantatos</em> (muerte de toque leve). Lanzarse a atrapar un sueño por esta vía, sin duda presenta el fastidio que ejerce <em>Moros</em> (destino); otro de los míticos hijos de la noche (<em>Nix</em>).  Por tanto, el sueño se torna impredecible y sujeto a la fatalidad o la fortuna que urde el subconsciente; quien no siempre nos dirige a buen destino. “<em>La noche nos impone su tarea / mágica, destejer el universo</em>…” dice Borges en su poema “El sueño”, y en este desasir la realidad de la entelequia, no hay método de asegurar el desenlace deseado.</p>
<p>Un atajo para atravesar por el universo onírico lo encontramos en los llamados “sueños de opio” por los que no pocas veces fue enjuiciado <strong>Poe </strong>y que fueron perpetuados por Julián de Casal en “<strong>La canción de la morfina</strong>”: <em>“Amantes de la quimera / yo calmaré vuestro mal / soy la dicha artificial / que es la dicha verdadera”… “Y ofrezco al mortal deseo / del ser que hirió ruda suerte / con la calma de la Muerte, / la dulzura del Leteo”</em><font face="Times New Roman">… </font>En fin, supongo que no será casual que la palabra morfina derive del legendario Morfeo, señor del sueño, del sopor, del letargo y la forma.</p>
<p>Soñar bajo este artificio, probablemente nos conduzca a lo expuesto por <strong>Charles Baudelaire</strong>, quien a propósito del opio comenta: “<em>El opio da un sentido mágico a todos los tintes y hace vibrar todos los ruidos con significativa sonoridad. Algunas veces, perspectivas magníficas, llenas de color y de luz, se abren súbitamente en sus paisajes, y se ve aparecer en el fondo de sus horizontes arquitecturas vaporizadas por la distancia, donde el sol arroja lluvias de oro.</em>&#8221; Tentadora propuesta&#8230; sin duda atrayente. Sin embargo, para efectos prácticos, soñar bajo el influjo psicodélico presenta algunos inconvenientes. El más elemental, será contravenir el viejo adagio y principio fundamental que señala que, “<em>soñar no cuesta nada</em>”. En evidencia, los opioides arrastran un costo excesivo por su carácter ilícito. En fin, supongo que esto no pasará de ser una incomodidad más para aquellos a quien no perturba alcanzar sus sueños a cualquier precio.</p>
<p>Finalmente, llegamos a la forma más espléndida de soñar: el insomnio. Sí, es indudable que los sueños imposibles lo producen. Así, hágase de una ilusión y, a diferencia de lo que ocurre en las fases normales del sueño (movimientos oculares rápidos), apréciela fija, profundamente. Extravíe la mirada en el infinito con tal de verle la punta. Pierda peso y aligere cargos de consciencia por si fuera preciso salir volando en su busca. Empéñese, pero no se venda. Evite el uso de lanolina y humectantes hasta que la piel se agriete. Después, trabaje con vigor para alcanzarlo; sin duda las rajaduras dérmicas evitarán que con facilidad se escurra entre sus manos. Hasta ahí todo bien pero… no se agobie por el resultado… Después de todo, habría dicho <strong>Harry Mulisch</strong> (El descubrimiento del cielo): “<em>Cuando lo consigues, deja de ser lo que querías conseguir y se convierte en lo conseguido. En realidad pierdes lo que ganas…</em>”</p>
<p>José Gutiérrez Llama</p>
<p><a href="http://www.ensentidofigurado.com/"><font color="#800080">www.ensentidofigurado.com</font></a></p>
<p>Foto: &#8220;Atrapa sueños&#8221;</p>
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		<title>Remedios contra el desamor</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Nov 2007 06:35:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Gutiérrez Llama</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aseguran los viejos de la comarca que el amor es ciego… Pues bien, si a este vetusto conocimiento añadimos que el desamor es una sensación sorda, nos quedará claro que el ciclo amoroso cursa en medio de una discapacidad inusitada, que evidentemente incita a la mudez y a la parálisis. No obstante, si usted es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><img src="http://nunoferreira.blogs.sapo.pt/arquivo/corazon.jpg" height="262" width="336" /></p>
<p>Aseguran los viejos de la comarca que el amor es ciego… Pues bien, si a este vetusto conocimiento añadimos que el desamor es una sensación sorda, nos quedará claro que el ciclo amoroso cursa en medio de una discapacidad inusitada, que evidentemente incita a la mudez y a la parálisis.</p>
<p>No obstante, si usted es una más de las miles y miles de víctimas del desamor, no se deje llevar por juicios apresurados. Debe saber que, así como para el amor no hay gotas o ungüentos oftálmicos que atenúen la temporal ceguera, para la sordidez que produce el desamor no habrá solución ótica que valga. Deseche de inmediato el consejo acomedido y ligero, de quien recomiende esos menjurjes.</p>
<p>En realidad, es menester señalar que este padecimiento se presenta con distintos grados de intensidad. El desamor leve, se distingue por venir acompañado de un sentimiento de desconsuelo que normalmente cede dentro de las 72 horas siguientes al contagio, o antes, si es posible colgar la vista recobrada de la primera hilera de dientes alineados y blancos que se despliegue ante ella. La cama será, entonces, un excelente complemento terapéutico; adminístrese a demanda.</p>
<p>El estadio moderado, únicamente se diferencia del anterior, por la exacerbación y duración de los síntomas. De tal suerte, el asunto solo es cuestión de tiempo; pero no, no se agobie, éste, como de costumbre, se dosificará a su capricho y antojo; aunque algunos ingenuos señalen que transcurre en forma constante. Si el proceso parece prolongarse, seguramente se debe a alguna atrofia ocular causada por la exposición continua al amor. Acuda al oftalmólogo, ajuste las dioptrías de sus gafas, lance miradas indistintamente hasta recuperar la elasticidad y precisión pupilar, y sincronice el reloj a su ritmo cardiaco.</p>
<p>La sintomatología de la también llamada, con poco optimismo desde luego, etapa terminal (fase severa), puede variar de acuerdo al individuo. Generalmente considera opresión en el pecho y la sensación de que el espíritu se derrumba. No, lamentablemente los relajantes musculares no son útiles para un corazón oprimido, ni los emplastos calientes alivian los desgarros del alma. En realidad, la medicina conservadora no ofrece sino medidas paliativas.</p>
<p>Si por la pena piensa cercenarse las venas o tirarse al piso, ingiera previamente una buena dosis de antibiótico para prevenir infecciones por gérmenes oportunistas y/o subterráneos. Los baños de sol pueden ser recomendables para la desolación que le embarga y, sobre todo, prescinda de la ingesta de fármacos antidiabéticos para evitar la amargura.</p>
<p>En caso de que la aflicción y el desaliento persistan y se profundicen, será necesario tomar medidas extremas. Espere una noche de plenilunio para evocar con fidelidad al amor perdido. Acompañe el momento con música; preferentemente aquella que retraiga los mejores recuerdos. Administre, en dosis única, un supositorio de plomo por vía intracraneal. De inmediato, sentirá como la memoria se desvanece y el dolor claudica…</p>
<p>Ahora que, si la medida le parece radical y excesiva, tranquilícese y reconfórtese, ¡su desamor no es grave! Descanse. Duerma pero no sueñe, mire pero no observe; centre la atención en usted mismo. Por unos meses, ingiera complementos alimenticios ricos en hierro, hasta que consiga un corazón férreo. A manera preventiva, añada a su dieta alguno de esos antioxidantes de moda. Cómprese un par de alas, emerja del abismo a donde ha caído y… ¡vuelva a apostar al amor sin miedo!</p>
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		<title>Remedios contra la soledad</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Oct 2007 18:25:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Gutiérrez Llama</dc:creator>
				<category><![CDATA[De la botica...]]></category>

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		<description><![CDATA[Estar solo no es padecer soledad, aunque la madrugada de un viernes y en mitad de un bar, pueda parecernos igual. Es evidente que eso, no se trata de una patología, sino, bajo ciertas circunstancias, puede que resulte un auténtico privilegio. La soledad en realidad es un trastorno mucho más profundo y melancólico que la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img align="left" width="160" src="http://quiromassatge.com/peus2.jpg" height="224" />Estar solo no es padecer soledad, aunque la madrugada de un viernes y en mitad de un bar, pueda parecernos igual. Es evidente que eso, no se trata de una patología, sino, bajo ciertas circunstancias, puede que resulte un auténtico privilegio.</p>
<p>La soledad en realidad es un trastorno mucho más profundo y melancólico que la simple tristeza pasajera o la nostalgia temporal. La soledad es una sensación de aislamiento y abandono que no logra atenuarse ni con la propia compañía.</p>
<p>Así, antes de comenzar cualquier tratamiento indicado contra la soledad, asegúrese de que realmente la padece y que no simplemente cursa por un episodio, agudo y febril, ocasionado por algún capricho sexual no satisfecho. Lea un buen libro al compás de música suave, escriba un poco y deje que se acerquen algunos buenos pensamientos o, en caso extremo, mírese al espejo, examínese bien el cutis y exprima, con delicadeza, algún lipoma (bolita de grasa) que seguramente estará ahí para servirle de distracción. Si a pesar de eso, la sensación de vacuidad persiste, delo por hecho… indudablemente se contagió de soledad.</p>
<p>En tal caso, sugerimos el siguiente plan de tratamiento, aunque en justicia, debemos decir que la medicina alopática no provee, para el caso, terapia curativa alguna, sino únicamente evita que la enfermedad progrese.</p>
<p>Bajo ninguna circunstancia comience un tratamiento antibiótico o antihelmíntico (contra parásitos). Si se encuentra a mitad de alguno, suspéndalo de inmediato. Debe saber que, en estos casos, cualquier microorganismo, por pequeño que parezca, puede brindarle compañía o, al menos, aminorar la sensación de rechazo, si es que la hubiere. Adicionalmente, beba dos o tres ampollas de levadura de cerveza y aumente la ingesta de yogurt para incrementar su flora intestinal bacteriana. Piense en los miles, millones de gérmenes que conviven íntimamente con usted cada día y siéntalos cercanos.  </p>
<p>Si después de dos semanas no siente mejora, combine el tratamiento con alguna anfetamina indicada para la obesidad, de esas que producen sensación de plenitud estomacal. Con una cápsula diario, de seguro la sensación de vacío abdominal desaparecerá.</p>
<p>La ingesta de estupefacientes que en ocasiones se recomiendan para estimular una personalidad múltiple, en este caso resultará contraproducente. Con ellos, en lugar de tener un paciente con soledad, tendremos multitud de alucinaciones sin compañía. Evite que el asunto se convierta en una pandemia.</p>
<p>Si después de estas medidas, aún persisten los síntomas, su caso es grave. Descarte la alopatía y busque remedio en la medicina tradicional y herbolaria.</p>
<p>Ponga entonces, dos plantas tiernas y suaves de mujer, a la altura de su pantorrilla, por debajo de la sábana. Deje que esa calida sensación recorra y se expanda en su cuerpo, hasta la cabeza. Sueñe un poco. Guarde cama, al menos, esa noche…</p>
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