Sí, el caso está bastante claro y todos los miembros del jurado coinciden en su veredicto: “no culpable” (not guilty). ¿Todos? Pues no, hay un “hombrecillo de las colinas, envejecido y reseco” (como lo define el autor) que, tercamente, se empeña en llevar la contraria a los demás.
La historia de ese hombrecillo y la explicación del por qué de su actitud, constituyen el argumento de Mañana, relato de William Faulkner.
¿Qué no conocen vds. aún a Faulkner? Pues el relato que paso a comentarles puede ser una buenísima carta de presentación de este escritor norteamericano, ganador del Premio Nobel en 1.949 y autor, entre otras, de las grandísimas novelas El Ruido y la Furia o Absalón, Absalón.
Mañana puede decirse que contiene, si no todas, sí las más importantes claves del universo faulkneriano.
Escenario: Jefferson y alrededores, dentro del condado de Yoknapatawpha, que Faulkner creó (como luego Onetti crearía Santa María o García ...
“¡Giustizia!“, clama Elisabetta (Isabel de Valois), arrojándose a los pies de su esposo Filippo (Felipe II).
Estamos en el acto IV de Don Carlo, ópera de Giuseppe Verdi, y ese grito que la delicada soprano repite con desesperación a su despótico marido -¡justicia!- se me figura el grito del libretista de este drama musical (en este caso son dos los autores del texto, Achille de Lauziers y Angelo Zanardi) y, en general, de todos los libretistas de ópera que han existido, frente al olvido, incomprensión y maltrato de que fueron siempre objeto.
Todo el mundo conoce a Haendel, a Mozart, a Verdi, ¿les suenan esos nombres, verdad? Pero ¿quién conoce a Pietro Metastasio, Lorenzo Da Ponte o Arrigo Boito? Sólo los muy aficionados a la ópera. Y, díganme ¿sería la misma? ¿tendría la misma fuerza dramática el aria de Otello “Dio! mi potevi scagliar” si la maravillosa música del genio ...