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	<title>Literatúrate &#187; Poeta a la deriva</title>
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		<title>Burdeles literarios.</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Jun 2009 19:41:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poeta a la deriva]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Suso Guevara tiene una extraña costumbre; bueno, en realidad tiene muchas, pero hay una que llama mi atención extraordinariamente: <strong>siempre roba los libros</strong>. No sé cómo lo hace, pero sí puedo decir que sólo desarrolla su bandolerismo en los grandes hipermercados<strong>. </strong>No es que tenga el mal de la cleptomanía, es que<strong> le molesta de manera <em>quasi</em> obsesiva que en estos “burdeles inmorales” se vendan libros junto a<span style="mso-spacerun: yes;"> </span>legumbres, bragas o fungibles informáticos</strong>. Así que él mismo se erige como la reencarnación de <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Tempranillo">El Tempranillo</a></em> y asalta sin piedad estos centros, llevándose consigo alguna novela de última generación o una antología reeditada de uno de sus muertos (como él llama a los poetas clásicos). </span></span></p>
<p>Suso marcha entonces con el tesoro oculto entre sus ropas y después de leer el ejemplar, si es de su agrado y el autor sigue vivo, se encarga de enviarle una prima pecuniaria a su dirección personal. Nada de editores ni agentes. Una recompensa exclusiva para el autor. </span></span></p>
<p>Cuando busca algo especial no duda en acudir a una librería de verdad, una de esas pequeñas en las que es imposible perderse y en la que el dependiente es un lector incesante, que conoce todos los géneros, un auténtico <em>vademécum</em> de literatura. Y lo paga con gusto. <strong>Ofrece el dinero y da las gracias</strong>, sabedor de que el valor de lo que lleva entre las manos es infinitamente mayor que aquel metal frío </span></span><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;">que da a cambio.</span></span></p>
<p>Olvidaba decir que Suso no abandona el lugar del crimen dejando a esos mercaderes sin escrúpulos de los hipermercados con las manos vacías. Le gusta dejar su marca, como esos asesinos en serie de las novelas policíacas americanas: Cuando él sale de estos centros, siempre pasa por caja. Pagando un rollo de papel higiénico&#8230; del más barato.</span></span></p>
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		<title>Obsesión, mala amiga.</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2008 10:55:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poeta a la deriva]]></category>

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		<description><![CDATA[Suso llevaba bastante tiempo sin sentarse a escribir. Había estado leyendo novelas de misterio y tenía aparcada la poesía. Pensó en el dichoso tópico de todos los escritores que dicen que la poesía es como el Guadiana, que aparece y se desvanece intermitentemente sin que uno pueda hacer nada por evitarlo. Fue una época dura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Suso llevaba bastante tiempo sin sentarse a escribir. Había estado leyendo novelas de misterio y tenía aparcada la poesía. Pensó en el dichoso tópico de todos los escritores que dicen que la poesía es como el Guadiana, que aparece y se desvanece intermitentemente sin que uno pueda hacer nada por evitarlo. Fue una época dura para su creatividad. Un momento que presintió breve, pero que acabó extendiéndose en el tiempo como una lengua de lava que se arrastra desde la cima de un volcán, parsimoniosa y apocalíptica.</p>
<p><strong>El verdadero peligro de esta dolencia no tardó en manifestarse: la obsesión</strong>. Se encontró casi sin darse cuenta sumido en una espiral de agobios que le atosigaban como un enjambre de acreedores violentos. Como esos zombies de las películas americanas que caminan a la velocidad de una oruga y a pesar de todo acaban por alcanzar a la protagonista y devorar su cuerpo. No podía pensar en otra cosa que no fuera escribir un maldito poema, más o menos decente, más o menos honesto.</p>
<p>Cada mañana salía a su busca. Leía el periódico gratuito que regalaban en el semáforo de la estación de autobuses buscando una noticia que le inspirase. Flirteaba con la señora de la cafetería delante de su roñoso marido provocando una situación nerviosa y pensando en el verso de pié. Miraba al cielo buscando un azul diferente. Observaba todo lo que se movía ante sí esperando que en sus ojos se dibujase un estribillo único. Pero nada. Volvía a casa y ponía a arder el Cd de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Johann_Sebastian_Bach">Bach</a>, pero era inútil. Bach no parecía ya Bach y acabó siendo SuperBach volando por la ventana. Todo lo que acudía a sus manos no eran más que rima banal y letras de niño. <strong>Tiró de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cesare_Pavese">Cesare Pavese</a>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Edmundo_de_Ory">Carlos Edmundo de Ory</a>, estaba tan desesperado que se agarró a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bukowski">Bukowski</a>. Pero era imposible. La poesía había desaparecido.</strong></p>
<p>Se pasó varios días tirado en la cama. Sin hacer nada, casi sin probar bocado. Hasta que se acordó que llegaba el cumpleaños de Lola, su sobrina. Salió a comprar algo. Llegó al centro comercial y lo encontró rebosante de masa. Odiaba la masa pero no podía más que aguantar el tipo. Se acercó a la escalera mecánica. Intentó disimular su temor a que aquella serpiente robotizada le devorara un pié y con los ojos cerrados y rezando a un Dios en el que no creía, se subió en la escalera. Se agarró al pasamanos y al mirar arriba vio a aquella chica con la que siempre coincidía en el autobús. Cada vez que se veían solían hacerse un gesto con la cabeza, como un saludo, pero acompañado de una sonrisa malintencionada. <strong>Nunca se hablaban</strong>. Venía en la escalera de descenso, justo a su izquierda.</p>
<p>Estaba bellísima, como siempre. Su pelo moreno y lacio cogido con una leve cola atrás semicaída, como echa sin querer, con un travieso mechón de flequillo sobre un lado de la frente. Volvió a recogérselo graciosamente juntando las yemas de los dedos como los italianos suplicantes, dejándolo apoyado en su pequeña orejilla. Sus labios teñidos de carmín rojo, ni claro ni oscuro, vivo. Sonrisa nevada y clemente. Destacando en su piel morena natural. Sus ojos tiernos, de un verde aceitunado, de pestañeo lánguido, hipnotizante. Su cuerpo elegante, fino pero sinuoso. Allí estaba, coincidente, como no podía ser de otra forma.</p>
<p><strong>Suso la miró una vez solamente. Y siguió pensando en el regalo de su sobrina mientras ascendía a la tienda como al cielo del consumo</strong>. ¿Qué sería? ¿un libro? ¿un juego? ¿ropita? Y ocurrió entonces.</p>
<p>Al pasar ambos por el mismo punto. Al converger sus cuerpos a la misma altura (algo lógico cuando uno sube y otro baja en dos líneas paralelas), ocurrió. Llegó la poesía. Sus manos se rozaron y Suso explotó por dentro. Los ojos se abrieron como si los párpados se hubieran despegado de la cara y sus órganos internos eran ahora una batería de un grupo heavy en pleno concierto. Se dio la vuelta. Ella no lo hizo hasta que llegó abajo. Lo miró, repitió la sonrisa contraseña del autobús y se esfumó como un hada en mitad del bosque. Él siguió ascendiendo de espaldas y al llegar arriba la serpiente le mordió un talón y cayó al suelo. Tirado como una tortuga boca arriba ante tanta gente, se sintió ridículo, felizmente ridículo. Se echó a reír. Tenía un verso en los labios.</p>
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		<title>El banco de la parroquia</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Oct 2008 10:29:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poeta a la deriva]]></category>

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		<description><![CDATA[En el barrio ha ocurrido algo extraño. De pronto, en un núcleo urbano en el que nunca pasa nada ha empezado a correr un rumor con tintes delictivos. Al parecer, algún vándalo esculpió a golpe de navaja unos versos de amor en un banco de la parroquia. La noticia llegó a mis oídos cuando esperaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el barrio ha ocurrido algo extraño. De pronto, en un núcleo urbano en el que nunca pasa nada ha empezado a correr un rumor con tintes delictivos. Al parecer, <strong>algún vándalo esculpió a golpe de navaja unos versos de amor en un banco de la parroquia</strong>. La noticia llegó a mis oídos cuando esperaba turno en la frutería de Mateo, que se ubica casi a pie de mi bloque. Allí dialogaban, como digo indignadas, tres señoras ni tan jóvenes ni tan mayores, bien parecidas y arregladas para salir a la calle… ¡qué poca vergüenza! ¡ya no se respeta ni la casa de Dios! ¡¿dónde vamos a llegar?! Espetaban</p>
<p> <font face="Times New Roman">-         </font><em>¿Lo han leído ustedes, señoras?</em> &#8211; Pregunté.</p>
<p><font face="Times New Roman">-         </font><em>No, pero no nos hace falta. Es una blasfemia</em> &#8211; Me contestaron. </p>
<p>Fui y leí los versos esperando una cuarteta de colegio o un pareado adolescente. Pero nada de eso, me hallé con <strong>un soneto espléndido,</strong> sincero y bello. Una declaración de amor de vellos de punta y piel de gallina. De alejandrinos para más señas, perfectamente divididos en hemistiquios heptasílabos; rima asonante y versos polirrítmicos. <strong>Una obra sublime digna de un banco en la Catedral de Sevilla, no en la parroquia de mi barrio</strong>. Así que yo, también me fui indignado. Sospeché de su autor rápidamente y me fui a buscarlo. No podía ser otro más que <strong>Suso Guevara</strong>. Me abrió la puerta con aires entre somnolientos y de media papa. </p>
<p><font face="Times New Roman">-         </font><em>¡La que has liado, amigo</em>! Le dije de entrada.</p>
<p><font face="Times New Roman">-         </font><em>No sé de qué me hablas</em>. Me contestó con la voz apagada. <em>Anda, pasa.</em></p>
<p><em><font face="Times New Roman">-         </font>Del soneto del banco de la parroquia, Suso. </em>Y me sorprendí por el tono de riñe con que emití la frase. </p>
<p><font face="Times New Roman">-         </font><em>Ah, de eso.</em></p>
<p><font face="Times New Roman">-         </font><em>Pues como se entere Don Fermín… te excomulga</em>. Le comenté.</p>
<p><font face="Times New Roman">-         </font><em>¿Pero no lo estaba ya?</em> Dijo con decepción.</p>
<p>Hablamos del soneto. Bueno, yo hablaba y él asentía con la cabeza porque no le gusta hablar de sus poemas. Siempre dice: “<strong>Lo que no puedan decir ellos de sí mismos mal voy yo a explicar</strong>”. Recordé que Suso defiende que<strong> la poesía debería estar en todas partes: en las cabinas de teléfono, en las paredes de todos los edificios, en el interior de los autobuses…</strong> Él se encargó durante una época de que esto fuera así, hasta que pasó cuarenta y ocho horas encerrado en un calabozo por esta causa. Recuerdo que declaró que lo hacía porque se lo debía a la poesía. Pero de esto hacía ya muchos años y no me cuadraba muy bien que volviera a hacerlo de nuevo. Así que, le pregunté por qué lo había hecho.</p>
<p>Se llevó a los labios su whisky, lo detuvo a escasos milímetros de ellos y sin dejar de mirar el fondo de la copa, me dijo: </p>
<p><font face="Times New Roman">-         </font>Porque allí se sienta a escuchar misa ella todos los domingos. </p>
<p>Se hizo el silencio. Silencio que durante dos horas habitó con nosotros. Me levanté y salí por la puerta. Conocía el camino.</p>
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		<title>El poeta</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Sep 2008 09:10:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tal vez alguno no entienda que de vez en cuando los poetas nos cortemos las venas con una pluma de ganso para ver como se vierte la tinta interior y oscura esperando preciar el balanceo y posterior abandono de esa última gota que se lleva el suspiro. Perfectamente pulida y torneada, péndula y dubitativa. Bella. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tal vez alguno no entienda que de vez en cuando los poetas nos cortemos las venas con una pluma de ganso para ver como se vierte la tinta interior y oscura esperando preciar el balanceo y posterior abandono de esa última gota que se lleva el suspiro. Perfectamente pulida y torneada, péndula y dubitativa. Bella. Tal vez alguno piense que no se puede supeditar la vida a la letra, pero eso no es así en un poeta. El poeta se asoma siempre al abismo. <strong>Allí se encuentra el cementerio de las palabras asesinadas</strong>. Aquellas que un día dolieron tanto que fueron censuradas, malditas y eliminadas sin ningún miramiento. Allí sólo el poeta es capaz de estirar las manos y alcanzar los escombros de lo que un día fue verso, de lo que un día fue una verdad punzante, un efímero escaño en la realidad introspectiva de la existencia humana. Y <strong>el</strong> <strong>poeta que agarra los cadáveres de aquellas palabras es capaz de tragar su veneno y abandonarlo todo</strong>. Capaz de caminar eternamente por su nunca-hogar y planear el derrumbe de su cuerpo desde el último piso de la reedición de “Azul” sobre el estatuario papel, deletéreo y voraz. Así vive <strong>Suso Guevara,</strong> siempre deslizándose por las aristas del tiempo. En un mundo propio y obsceno que sólo él entiende. Sin hacer daño más que a sí mismo y con una sonrisa en el bolsillo que se autodestruye a los cinco segundos como aquellas notas que el jefe Quimby entregaba a Gadget antes de cada caso. Marginado hasta por los muebles (que a menudo destruye) y querido por las piedras y las nubes, los árboles y la humedad, los pájaros. <strong>Una sombra fugaz en los ojos de la sociedad, pero vivo.</strong>Acusado de huraño aquel que ve en las personas más allá del rostro y el traje de piel. Tildado de indigente quién menos necesidades materiales tiene. Rechazado el que es capaz de sentir con la empatía de un espejo de emociones. Chivato del corazón, chismoso de las heridas, despojo de los amores perdidos, repatriado de todas las guerras del mundo, eco de las injusticias, fantasma de todos los censos electorales y <strong>antes de todo ello, por todo ello y con todo ello… POETA</strong>. Así es Suso Guevara, un hombre que decidió un día vivir en la poesía.</p>
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		<title>Hay que ser valiente para querer a Pizarnik.</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jul 2008 19:58:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poeta a la deriva]]></category>

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		<description><![CDATA[Aunque pocos lo saben, nació llamándose Flora, y claro está, en primavera. Cuando uno descubre a Pizarnik piensa que, tal vez, venía de otro mundo. Cuando intentas adentrarte en sus letras piensas que ese otro mundo habitaba en ella. Y cuando bebes de su sangre entiendes que ella era un mundo. Un mundo que no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque pocos lo saben, nació llamándose Flora, y claro está, en primavera.</p>
</p>
<p>Cuando uno descubre a Pizarnik piensa que, tal vez, venía de otro mundo. Cuando intentas adentrarte en sus letras piensas que ese otro mundo habitaba en ella. Y cuando bebes de su sangre entiendes que ella era un mundo. Un mundo que no se sostenía en el carbono ni en el agua. </p>
<p>Un mundo con su civilización propia y sus leyes (o no leyes), un mundo con su clima y su espacio, su viento y su mitología. Un mundo cuyo único alimento fue la poesía; cuya única tormenta fue la poesía; cuya única existencia fue la poesía. Un mundo que no se entiende totalmente desde este otro mundo. Un mundo con muchos siglos porque todo iba tan deprisa como el corazón de un colibrí. La noche y el día pareciera que tornaran cada dos minutos, amor y desamor cada cinco; cada cuarto de hora una guerra y cada veinte minutos un parto y así gira que te gira como una bicicleta panza arriba.</p>
</p>
<p>Hay que ser valiente para querer a Pizarnik. Su poema es un revólver. Tiene la intensidad y la tardanza del segundo que precede a la presión del gatillo; y la certeza y contundencia de una bala.</p>
</p>
<p>No sé si el Dios creador de todo lo que existe es el mismo del mundo Pizarnik, pero de ser así he de decir que su muerte es, sin lugar a dudas, uno de sus múltiples fracasos; no así su sufrimiento&#8230; que no fue en valde.</p>
</p>
<p>El 25 de septiembre, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, muere de una sobredosis intencional de Seconal.<br />
Escrito con tiza en el pizarrón de su cuarto de trabajo podía leerse: &#8220;criatura en plegaria/ rabia contra la niebla// escrito/ en / el/ crepúsculo// contra/ la / opacidad// no quiero ir/ nada más/ que hasta el fondo// oh vida/ oh lenguaje/ oh Isidoro// septiembre de 1972.</p>
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		<title>Las miserias del lenguaje</title>
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		<pubDate>Sun, 25 May 2008 11:47:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Poeta a la deriva]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer me llamó Suso Guevara. Era de mañana, pero algo tarde, no me apetecía nada saludar al mundo, el mundo de fuera. Era uno de esos días en los que lo único que deseas es aniquilar el tiempo tirado en el sofá, leyendo y dándole vueltas a mi esquizofrénica calabaza. Pero lo cierto es que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer me llamó Suso Guevara. Era de mañana, pero algo tarde, no me apetecía nada saludar al mundo, el mundo de fuera. Era uno de esos días en los que lo único que deseas es aniquilar el tiempo tirado en el sofá, leyendo y dándole vueltas a mi esquizofrénica calabaza. Pero lo cierto es que su invitación a una barbacoa unida a mis inexistentes ganas de hacerme de comer me animó a vestirme y acudir.</p>
<p><strong>Cuando salí por la puerta del bloque olía a romero</strong>. Estuvo lloviendo toda la noche y la humedad aún yacía en el aire. Llegué a su casa y pronto intuí que yo era el único invitado. Abrió la puerta y pregunté:</p>
<p>-  <em>Estamos solos ¿verdad? </em><br />
-  <em>¿Cómo vamos a estar juntos y solos a la vez?</em>, dijo con su ironía habitual.</p>
<p>Es cierto, es una de esas quimeras socráticas que tiene el lenguaje. Y empezamos a divagar sobre el mismo.</p>
<p>Aquella noche Suso no había dormido nada. Intentaba inventar un término que significara más que solo y no lo conseguía. Decía: “<em><strong>Estoy solo</strong>” </em>y no sentía el peso yunquero de las palabras sobre su verdadera y desértica soledad. Recordé entonces aquella cita de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Unamuno">Miguel de Unamuno</a>: “<strong>La lengua no es la envoltura del pensamiento sino el pensamiento mismo</strong>”. Suso se enojó.</p>
<p><em>-  El único lenguaje que está cerca del pensamiento profundo y menos lejos del sentimiento real es el lenguaje poético</em>,<em> </em>le dije.</p>
<p>El poeta pelea a diario por encontrarse con un verso que duela por su realidad, por lo tangible del mismo. Si llega entonces, nos sentimos así <strong>como Santo Tomás acercando su mano a las heridas de Cristo</strong>. Rozando los dedos por lo abrupto de la piel y sintiendo que el mar se arrima a los ojos entre pestañas de arena. Suso empieza a reclamar a los difuntos del castellano, el alemán, el inglés, el suahili… Habla de la profesión lasciva de la madre de todas las palabras y vocablos inventados. Empieza a enrojecer; su cuello se convierte en un nido de serpientes trepadoras; los ojos se le escapan; lanza la paleta de la barbacoa contra el suelo y la pisa repetidas veces hasta que se cansa (por suerte no está en muy buena forma). Entonces, entre jadeos bronquiales desacelerados, se calma. Entra de nuevo en la casa y vuelve con un aparato de radio. Lo enciende. Sintoniza hasta que encuentra música clásica. Suena el <strong><a href="http://aterrizaje-forzoso.blogspot.com/2008/04/orgasmatrn-el-silencio-antes-de-bach.html">preludio de la Suite nº 1 G mayor BWV 1007 para chelo, de Bach</a></strong>. Se sienta. Pasados unos segundos cierra los ojos y una lágrima se le escapa.</p>
<p>Huele a quemado, pero no importa. Al final, no me libré de cocinar y encima tuve que hacerlo para dos.</p>
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		<title>¿Cuándo es bueno un poema?</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Feb 2008 20:48:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Cuándo es bueno un poema?La poesía es al sentimiento lo que el viento a la polinización- me respondía (y se quedaba tan pancho) Suso Guevara a tan jodida pregunta, mientras observaba un par de plantas secas que deliran en una ceñida ventana de su humilde cobijo. Así es, -continuaba- el poema debe llegar, amigo. De [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cuándo es bueno un poema?</font><strong>La poesía es al sentimiento lo que el viento a la polinización</strong>- me respondía (y se quedaba tan pancho) Suso<img src="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:q5SbyAbUxtrxUM:http://bp3.blogger.com/_Vmsr2vyMLcA/RlydbSsEtaI/AAAAAAAAAEU/pFdTeQZrufQ/s400/Confusion_by_Kolenya.jpg" align="right" border="3" height="111" hspace="3" vspace="3" width="116" /> Guevara a tan jodida pregunta, mientras observaba un par de plantas secas que deliran en una ceñida ventana de su humilde cobijo. Así es, -continuaba- el poema debe llegar, amigo. De nada sirve que grandes vocablos emplees y de retórica los bañes, cuides su ritmo como en una fragua y todo se ajuste a las leyes de la <em>summun poetica </em>si no consigues que alcancen el estigma del pistilo.</p>
<p>Últimamente me parece que he ganado bastante pegada en este aspecto. Siento que mis versos llegan más, emocionan. Así me lo hacen ver mis lectores (que no son muchos pero algunos hay). <strong>He aprendido a componer el poema con estructuras oportunas y técnicas delicadas, y continuamente intento aprender en talleres y cursos, así como del leve éxito de algunos poetas actuales</strong>. Todo ello me ayuda a diseñar mejor el poema y está claro que los lectores lo notan. Digamos, al hilo de la comparación de Suso, que he aprendido a escribir con el viento a favor. Pero todo esto me tiene muy confundido.</p>
<p>Sí, confundido porque estos poemas han recibido alguna mención de honor y publicaciones en revistas literarias, así como la de una antología en la que se incluyen a varios autores. ¿Y dónde está la confusión, dirán ustedes? Está claro que ahora escribo mejores poemas, ¿no? Pues <strong>estoy confundido porque sigo creyendo en esos poemas que escribí alguna vez y que hacen desfilar un ejército de puercoespines por mi cuerpo, aunque nadie los entienda</strong>. Sigo creyendo en esos versos acompasados y rimados como en una carambola del billar pero extrañamente musicales. Sigo creyendo en esos versos diferentes y originales, tanto que sólo los imagino en mi voz. <strong>Sigo creyendo en esos versos desatendidos por los certámenes y rechazados por las revistas y editoriales</strong>. Sigo creyendo en ellos y abrazado como un náufrago a un trozo de mástil en mitad del océano. </p>
<p>Suso esboza una media sonrisa oyendo mi perorata mientras agarra la regadera y se dispone a empapar las macetas que portan un yermo amarillo que huele a varias semanas.</p>
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		<title>La necesidad de publicar</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Feb 2008 19:23:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Yo solo escribo para mí”- me decía recientemente una bonita joven que ha caído en los brazos de un galante y sinvergonzón amigo mío. Mi amigo le comentaba orgulloso (y yo admirado) al presentarnos que me dedico a escribir y ella contestó dulce: ¿Ah sí? A mí también me gusta escribir pero yo sólo escribo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“<strong>Yo solo escribo para mí</strong>”- me decía recientemente una bonita joven que ha caído en los brazos de un galante y<img src="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:0KYTzb9TxBe5LM:http://www.idolon.it/Rosaspina/wp-content/uploads/2007/07/persefone.jpg" align="right" border="1" height="124" hspace="5" vspace="5" width="96" /> sinvergonzón amigo mío. Mi amigo le comentaba orgulloso (y yo admirado) al presentarnos que me dedico a escribir y ella contestó dulce: ¿Ah sí? A mí también me gusta escribir pero yo sólo escribo para mí. Sonreí educado y después la invité a dejarse descubrir líricamente. Se sonrojó y declinó mi oferta.</p>
<p>Durante la cena no dejé de pensar ni un sólo instante por qué yo escribo para los demás. Es fácil. Una condición humana, fisiológica, química, física y espiritual. <strong>El cuerpo desprende siempre los elementos que germinan en las emociones</strong>. Y en eso se parece al alma. Lloramos, y las lágrimas corren por la fachada de nuestras mejillas, no por el patio interior ni el oscuro dormitorio, que llora de otra forma, sino por la fachada. – he preferido poner este ejemplo al de aquel día en que me oriné del miedo que sentí viendo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Exorcista">El Exorcista </a>(tenía 9 años),aunque también hubiera servido. Así se manifiesta también el alma. Está claro que necesito sacar de mí los sentimientos y el poema es mi manera. Esta es una de las razones evidentes por las que escribimos: nuestra necesidad de expresar lo que sentimos, de sacarlo hacia fuera, de transmitirlo. Pero, ¿por qué publicar? Podemos encontrar multitud de explicaciones; <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Octavio_Paz">Octavio Paz</a> decía que <strong>el poeta necesita publicar para que lo amen</strong>. No sé si tengo esa intención, la verdad, aunque conozco alguno que habrá sonreído al leer la cita. Pero quizás mi preferida es la de aquella conversación entre <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges">Borges </a>y su gran amigo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bioy_Casares">Bioy Casares </a>en la que Borges le pregunta: ¿Por qué crees que publicamos? Y Bioy piensa y contesta parsimonioso: Porque <strong>si no consiguiéramos publicar lo que escribimos nos volveríamos locos de tanto revisarlo</strong>. Así es, necesitamos publicar nuestras obras para, al menos, poder desprendernos de ellas y mirarlas desde la distancia, para arrimarnos la mano a los labios, lanzarles un beso de despedida y seguir avanzando. La obra que aguantamos pesa, a veces, tanto que no nos deja seguir y nos quedamos encerrados en ella para siempre como Perséfone en el reino de Hades esperando que un editor llegue para salvarnos aunque sólo sea una primavera.Necesitamos publicar como necesitamos desprendernos del pasado. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Wilhelm_Nietzsche">Nietzche </a>decía: El hombre debe tener la fuerza de romper un pasado y aniquilarlo y es preciso que emplee esta fuerza de cuando en cuando.</p>
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		<title>la magia del poema</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jan 2008 19:21:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En estos días en los que se cimienta el nuevo año he acudido a una charla poética a la que asistía como orador el gran poeta y mejor amigo Suso Guevara. Empezó aludiendo a poemas y versos excelsos de grandes autores: A. Machado, Juan Ramón Jiménez, Girondo, Pizarnik, Hierro, Caballero Bonald… Recitó algunos. Entonces empezó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font face="Times New Roman">En estos días en los que se cimienta el nuevo año he acudido a una charla poética a la que asistía como orador el gran poeta y mejor amigo Suso Guevara. Empezó aludiendo a poemas y versos excelsos de grandes autores: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Machado">A. Machado</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Ramon_Jimenez">Juan Ramón Jiménez</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Girondo">Girondo</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alejandra_Pizarnik">Pizarnik</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Hierro">Hierro</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Caballero_Bonald">Caballero Bonald</a>… Recitó algunos. <strong>Entonces empezó a enumerar elementos necesarios para componer un gran poema</strong> y a mencionar términos que mandaba copiar y que posteriormente iba describiéndolos. Fue divertido ver como todos sacaban lápiz y papel (servilletas, facturas, tickets de autobús…todo valía) de sus carpetas, bolsos o bolsillos como niños de primaria. Y ahí estaba él, dando vida a palabras como belleza, ritmo, sensación, verdad, métrica,… explicaba cada término con la intensidad y pasión con que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Patrick_O%27Brian">Patrick O´Brian</a> describe sus batallas navales o Sánchez Dragó la retroeyaculación. “<strong>Todos ellos –</strong> decía para finalizar <strong>– son los elementos comunes que sostienen un gran poema. Todos ellos y la magia, claro. Apunten <em>Magia</em></strong>”</font></p>
<p><font face="Times New Roman">Se levantó y empezó a recoger sus papeles. Alguien alzó la mano y Suso Guevara sin apartar los ojos de sus apuntes dijo: “<strong>No lo sé, caballero, yo aún la estoy buscando</strong>” Y casi enfadado se marchó de la sala ante las miradas atónitas de todos los presentes.</font></p>
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		<title>La inspiración: Dama de buena reputación</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Nov 2007 20:14:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesus Dominguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La inspiración es una idolatría del talento. Una dama de buena reputación que no puede vivir sin su verdadero cortejo: el esfuerzo. Es cierto que a veces recibimos una ráfaga de luz y la idea se dibuja en nuestros dedos con clarividencia imponente. Decía Borges: los dos primeros versos nunca son míos, no sé de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La inspiración es una idolatría del talento. Una dama de buena reputación que no puede vivir sin su verdadero<img align="right" width="94" src="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:U7c1vDqh1s6LZM:http://www.artexpresion.com/archivos%2520de%2520carpetas/images/Hajjar_Mila_esperando_la_inspiracion_.JPG" height="125" /> cortejo: el esfuerzo. Es cierto que a veces recibimos una ráfaga de luz y la idea se dibuja en nuestros dedos con clarividencia imponente. Decía <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges"><strong>Borges</strong></a>: <em>los dos primeros versos nunca son míos, no sé de dónde me vienen</em>. Pero el poema no es sólo un momento, no es un impulso y ya, ahí está, no. El poema no es un estornudo ni un tic nervioso, <strong>el poema hay que trabajarlo, sudarlo como se suda en un parto para alumbrar la vida</strong>. Sí, la importancia de la inspiración no voy yo a cuestionarla pero sí quiero dejar claro que ni la inspiración llega porque sí ni puede ser suficiente. Cuando tenemos uno de esos momentos mágicos y los versos fluyen como el hielo sobre el cuerpo de Kim Basinger en <em>Nueve Semanas y Media</em> queda impresa una isla virgen paradisíaca sobre el mar nacarado del papel. Un paisaje prodigioso. Pero <strong>al no trabajarlo estamos dilapidando para siempre la tierra sumergida, lo que no vemos</strong> de esa isla maravillosa. </p>
<p>Hay muchas expresiones de grandes genios que secundan esta idea. Decía <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Picasso"><strong>Picasso</strong> </a>que <em>no hay que esperar a que llegue la inspiración para ponerse a trabajar sino procurar que la inspiración te coja trabajando</em> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edison"><strong>Thomas A. Edisson</strong></a> se refería a los genios diciendo que <em>es un 1 % de inspiración y un 99% de transpiración</em> (se puede aplicar a la poesía). </p>
<p>Y así es como yo lo entiendo. Siempre hay un sinónimo que suena mejor, un verso que no termina de ser rítmico, una metáfora incómoda, una imagen que no es clara o una rima desafortunada. Y a todo esto hay que echarle horas encima. </p>
<p>Bueno, voy a estirar un poco que tengo mucho trabajo: se me ha ocurrido una idea.</font></p>
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