El espíritu de la navidad me vuelve invisible

Es entonces cuando busco un rincón para encontrarme en la lectura y la relectura. En estas fechas siempre vuelvo a leer (este año más aún por ver si se me pega algo) una de las columnas que más me gusta de este escritor: Manuel Vicent.

El tiempo también es un territorio. A cierta edad el tiempo que te quede por vivir será tu único patrimonio. Mientras seas joven no pasa nada si parte de ese patrimonio lo cedes de buen grado a otra persona, si lo malgastas o, incluso, si permites que cualquier idiota te lo arrebate. La vida te dará todavía algunas oportunidades para recuperarlo. Pero cuando el caudal empiece a agotarse no deberás permitir que nadie interfiera, fiscalice o coarte ese tiempo de tu exclusiva propiedad. Cualquiera puede ser rey de ese territorio invisible, sólo que para llegar a dominarlo hay que dar un golpe de estado: si pierdes esa batalla ya no serás nadie. Un día, tal vez a causa de una depresión o porque el dedo de un ángel te haya tocado la frente, tendrás la evidencia del valor del tiempo que te queda antes de disolverte en el espacio. Será lo más parecido a una revelación. De pronto descubrirás un hecho tan simple como éste: que la vida te pertenece a ti y a nadie más. Debes saber que nadie te va a agradecer el haber cedido la soberanía si no fue por tu gusto y placer. Habrás sido un esposo/a fiel, un padre/madre ejemplar, una hormiga de oro para la empresa y un ciudadano/a honorable, pero no serás la persona que un día decidió ser libre, ya que el tiempo también es la libertad.

A partir de una edad no intentes volar en un ala delta ni correr los cien metros lisos a menos que te pongan un féretro en la meta. Hay retos más difíciles que uno debe afrontar cuando ya se divisa un gato negro en la línea del horizonte. Ese pequeño territorio de cada día será imposible de gobernar si el tiempo no es tuyo y no eres tú quien marca las horas para regalarlas y compartirlas con esa clase de personas que te hacen crecer por dentro. Esa dádiva también será tu salvación.

Estas cosas le decía el Maestro al discípulo mientras paseaban una noche muy oscura por una ciudad abandonada. Al llegar a una plaza el discípulo creyó que había salido la luna llena sobre los tejados, pero sólo era la esfera iluminada del reloj de una torre, donde también había una veleta oxidada en forma de gallo. En ese momento sonaron doce campanadas y el maestro le hizo observar al discípulo que aquel reloj no tenía agujas ni números. Su esfera parecía la córnea de de un ojo que les miraba en la oscuridad. El tiempo también es silencio, de modo que a una edad lo más sabio es callar, pero nunca obedecer, dijo el Maestro. El gallo oxidado de la veleta cantó anunciando la madrugada”.

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4 Comentarios

Marissa Tamayo dejó un comentario el 2 Enero 2008 a las 15:32
  1. Querida Isabel, me gustó esa frase “el tiempo también es un territorio”. Creo que no sólo debemos cuidarlo, cuando estemos al final de la vida, sino siempre. Porque nadie sabe cuándo se cortará ese hilo dorado de la existencia. Tu post me ha hecho reflexionar sobre el valor del tiempo y de la vida

Lore Beltza dejó un comentario el 8 Enero 2008 a las 21:05
  1. Isabel, me ha gustado mucho tu post. El tiempo es un territorio que la mayor parte de las veces cedemos a los demás, olvidando que nos pertenece y necesita de nuestros mimos. Por muy jóvenes o mayores que seamos, nunca se sabe cuanto nos queda por delante…

Ana Alvea dejó un comentario el 9 Enero 2008 a las 22:10
  1. Un artículo reflexivo y cavilador,Isabel, todos deberíamos ser consciente del paso del tiempo y saber qué queremos hacer con él, qué mejor defensa de uno que afirmar, mi vida es mía(como mis errores). El final es muy literario y lírico. Sí me gustaría que me explicaras lo de “el tiempo también es silencio”, me imagino que con la edad se gana perspectiva y serenidad y criterio propio, muy próximo a la rebeldía y desobediencia. Me ha gustado mucho, si no te he felicitado antes, feliz 2008.

Voces | Literatúrate dejó un pingback el 22 Diciembre 2009 a las 21:07
  1. [...] páginas, como estamos de nuevo dando las últimas pisadas de este año, vuelvo sobre este texto de Manuel Vicent para quien le apetezca [...]

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