“El inventor de historias”
“El inventor de historias” es una novela de aventuras que arranca en la época victoriana. Su autora Marta Rivera de la Cruz ha escrito también “Que veinte años no es nada” con el que obtuvo el Premio Ateneo de Sevilla Novela Joven, “Hotel Almirante” y “En tiempo de prodigios”,  obra con la que quedó finalista del Planeta. Lo sorprendente es que Marta Rivera vuelve a sacar al mercado por segunda vez esta novela, con un tÃtulo algo cambiado y lanzada por otra editorial. Cuenta la la vida de un curioso personaje, Linus Daff , que comienza inventando una historia para salvar a un amigo y se ve forzado por las circunstancias a dedicar sus dÃas a un oficio que le hará millonario: anudar ficciones. Poco a poco la trama se va complicando.  ”Y es que después de unos años de trabajo, Daff comprendió que nada entorpece tanto el porvenir de un hombre como su vida anterior. El presente puede variarse, el futuro es una incógnita completa sobre la que es posible actuar. Pero el pasado es inamovible y puede constituir el más peligroso de los lastres para una existencia dichosa”.
Junto al protagonista van desfilando otros personajes que se entrecruzan en su vida, a los que Linus Daff proporciona historias fantásticas: Pedro Almeiras, el hombre que no sabÃa mentir, el malogrado Patrick O,Brien, la deslumbrante cubana Lucrecia Sánchez o el indiano de orÃgen gallego Fernando Castro de Lema. Todos creibles y bien dibujados.
El libro tiene dos partes bien diferenciadas. La primera se desarrolla en Londres. Hay descripciones muy logradas de la ciudad y de las costumbres  inglesas. El punto de inflexión de la novela es el hundimiento del Titanic. La prosa en todo momentro se desliza con suavidad, es envolvente, como sin esfuerzo y la autora utiliza un rico vocabulario.
Más adelante la acción se traslada con su protagonista a Cuba. Aquà el libro alcanza la fuerza de su climax y Linus D. se embarca en una prodigiosa hazaña que concluirá con un final casi surrealista en Vilabranca, el pueblo gallego originario de Fernado Castro de Lema.
 La belleza de La Habana está bien narrada.
“La isla blanca se aproximaba al barco. El sol empezaba a salir, y un cielo rosa perdÃa por segundos la oscuridad antigua de la última noche. El mar Caribe estaba en calma y sólo el chapoteo producido por el lento avance de la nave quebraba un silencio de otro mundo”.
“En tierra firme, la ciudad se desesperazaba todavÃa trabajosamente, pero ya habÃa pescadores vendiendo en el puerto pescados de plata, y mujeres con la piel de cobre preparando puestos de frituras……”
Novela bien escrita, entretenida y divertida, no carente de mensaje.
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