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El matiz de las palabras

Déjate llevar por una palabra y te conducirá por caminos remotos.  

Después de escribir mi anterior post, la palabra persuasión quedó revoloteando en mi cabeza acompañada de su sonido, produciendo en mí una especie de efecto sinestésico, es decir, la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. Buscando su significado exacto, el diccionario me llevó a otra palabra seducción. Ésta, me cogió suavemente de la mano y ya no me soltó.

Los matices de las palabras son como el color o el perfume que las distingue. Para notarlos hay que degustarlas, saborearlas, y a continuación, dejarlas en libertad.

Al pronunciar persuasión, las letras no salen con tanta facilidad de nuestros labios, como si con ello la palabra nos diera a entender su significado: “tratar de convencer a alguien mediante razonamientos”. No basta que tengamos toda la  razón del mundo, este convencimiento genera una resistencia en el otro, por tanto, la persuasión va dirigida a la deducción personal, al intelecto. 

Sin embargo, la seducción sale de nuestros labios sin esfuerzo como una música que llega al oído del otro de manera suave, como algo subliminal, interno e inconsciente. No se dirige a la razón, por lo que no opone resistencia, sino a emociones para despertar sensaciones. 

Y es aquí donde viene a mi memoria una mujer, Scherezade, y la imagino, como a tantos otros narradores orales, empleando esos matices que contienen las palabras para, unidas al sonido de la voz, ahuyentar a la muerte mientras va narrando la historia con que comienza el libro Las mil y una noches.

Entre sus páginas hay mucho menos que mil y un cuentos, pero sí encierra prácticamente toda la literatura conocida que enlazada dio lugar a este libro fundamental.

 No obstante, me gusta también imaginar a Scherezade, como nos la cuenta Nélida Piñón en su libro Voces del desierto, con una educación extraordinaria procurada por su padre, que había puesto a su disposición maestros en todas las ramas, además del conocimiento del pueblo transmitido por su ama Fátima que, tras la muerte de su madre, le enseñó a contar historias.

Seguro que Scherezade utilizó inteligentemente estas dos palabras. Persuadió al monarca, para que dejara de matar, despertando su curiosidad con  los argumentos razonados de sus historias narradas noche tras noche; pero lo sedujo con esas mismas palabras pronunciadas con el sonido que se percibe por los sentidos y termina en los sentimientos.

Como dice  Álex Grijelmo: “lo organizado subyuga, atenaza con sus argumentos; pero seduce lo natural, lo que se liga al ser humano y a su entorno, a sus costumbres, a su historia. La seducción de las palabras, su olor, el aroma que logran despertar aquellas percepciones prehistóricas, reside en los afectos, no en las razones. Ante determinadas palabras (especialmente si son antiguas), los mecanismos internos del ser humano se ponen en marcha con estímulos físicos que desatan el sentimiento de aprecio o rechazo, independientemente de los teoremas falsos o verdaderos”. 

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7 Comentarios

Judy Garcia Allende dejó un comentario el 8 Noviembre 2007 a las 1:14
  1. Beravo Isabel!!!

    Me has hecho recordar otra de mis obras favoritas.
    Así de maravillosa es la literatura, las palabras
    afinan nuestros sentidos y también nuestras almas.

    Cariños,
    Judy

Marissa Tamayo dejó un comentario el 8 Noviembre 2007 a las 10:51
  1. Las mil y una Noches fue uno de mis libros favoritos de cuando era colegiala. Me hizo volar literalmente por los aires, como la alfombra mágica de Aladino, y todo por el efecto maravilloso de las palabras. Me imagino, además, que Scherezade tendría un timbre de voz cautivador y de ricas tonalidades.

Elisa I. Mellado dejó un comentario el 8 Noviembre 2007 a las 23:26
  1. Bonita palabra Seducción, en la mente se abre para dar riendas sueltas a tantas cosas. A mi su sonido es como algo íntimo, femenino, será por esa frase tan manida de la “seducción femenina”. Aunque a veces parece que la envuelve un cierto misterio, y eso resulta atrayente. El personaje que mencionas,Scherezade, para mi es todo un símolo de femeneidad, cautivadora y seductora. Me ha gustado tu post.

Ramon Ocampo dejó un comentario el 9 Noviembre 2007 a las 9:40
  1. Excelente Post.

    Mi casa no era precisamente un templo de cultura. Desde siempre, e ignoro por qué razón había tres libros: Una edición de la Sagrada Biblia, un libro de viajes escrito en el S. XIX llamado “De Roma a Jerusalen” y la edición de editorial Sopena de “Las mil y una noches”. A los nueve años, cuando mis padres me regalaron mis primeros libros que no eran para la escuela, Ya me los había leido, de hecho ya había leído varias veces los encantadores cuentos de Scherezade. Seguramente mi gusto compulsivo por la lectura fue gestado en esas maravillosas tierras de lo que hoy es Irak, Siria y Palestina.

    Gracias por los hermosos recuerdos que has hecho aflorar en mi.

Isabel Mallen dejó un comentario el 9 Noviembre 2007 a las 13:14
  1. Gracias por vuestros comentarios. Aprovecho para añadir algo que se me escapó cuando lo escribí, y que he recordado a propósito del comentario de Elisa. El tema de la “seducción femenina”.

    Respecto a esto, la historia del concepto “seducir” da a este vocablo un cierto sentido peyorativo, condenado desde su propio registro oficial. El diccionario de 1739 lo definía así: “Engañar con arte y maña, persuadir suavemente al mal”.
    Sólo esta frase ya genera tema, se me está ocurriendo escribir algo en mi blog. Por cierto, el mío es:
    http://www.elcosturerodeisabel.blogspot.com/

Ana Alvea dejó un comentario el 12 Noviembre 2007 a las 18:42
  1. Muy bello tu comentario.

Rosa dejó un comentario el 12 Noviembre 2007 a las 23:12
  1. Si, atrayente post. me ha gustado ” le enseño a contar historias”. Seducir, transportar, imaginar, soñar, son maneras de seducir a alguien,contándole una historia. Es atrapar por un tiempo. Me ha gustado

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