en Memes » Blog sobre recopilatorio de memes en Internet

El plagio creativo

A la hora de elaborar nuestras historias los escritores partimos muchas veces de la propia realidad. Hay algunos que parece que utilizan la realidad pura y simple, quizá porque además de talento literario tienen una biografía tan llena de acontecimientos insólitos o desusados que les basta con transcribir algún capítulo de ella, más o menos disfrazado, para llamar la atención de cualquier posible lector. Pero eso no es lo más frecuente. Lo normal es que los cuentacuentos seamos personas corrientes y molientes, con una vida similar a la de cualquier otra persona de nuestro medio social y condición física, y que nuestra historia personal responda, en definitiva, a un prototipo que ya ha sido explicado hasta la saciedad. Y aunque efectivamente fuéramos uno de esos seres extraordinarios o pintorescos a los que antes nos referíamos, no tendríamos garantizado que nuestra historia fuera original.

“Lo que no es tradición, es plagio”, dice el adagio. Cualquier historia de amor puede equipararse a Romeo y Julieta, a Don Juan Tenorio, a la historia de Sansón y Dalila o al mito de Orfeo y Eurídice. En toda relación padre-hijo hay ecos del mito de Edipo, de Abraham e Isaac, del Rey Lear. Todos los hermanos tienen algo de Caín y Abel. Y así podríamos seguir indefinidamente. No importa el tema que elijamos: los celos, la codicia, la soledad, la envidia, la solidaridad, etc., etc. Seguro que en el acervo cultural humano encontramos algún antecedente. Y eso es así porque los sentimientos y emociones humanas nunca cambian. Por eso, la pretensión de no plagiar, de ser radicalmente original, no es sino una declaración de soberbia y de ignorancia. De hecho, la recreación de historias conocidas, de mitos clásicos y de antiguas leyendas, ha sido, desde la antigüedad romana hasta la actualidad de los estudios de Hollywood, una de las técnicas de creación más utilizadas por los cuentacuentos.

El plagio creativo, entendido como reescritura de una misma historia desde otra óptica, con otras intenciones, desde otro ángulo, no solo no es ilegal, sino que “tomar prestada una trama tradicional” es uno de los métodos recomendados por teóricos tan prestigiosos como John Gardner a la hora de elaborar nuestras propias tramas.

¿Y que sentido puede tener escribir de nuevo una historia conocida? Pues sencillamente que, al reescribir una historia, la transformamos según nuestra propia interpretación subjetiva, basada en nuestras experiencias y criterios. Si cambiamos el espacio y el tiempo en que se desarrolla; la contamos desde otro punto de vista; variamos las descripciones y los diálogos; transformamos las intenciones de los personajes y hasta alteramos sustancialmente el final, la historia pasa a ser nuestra, por más que el argumento no haya sido inventado por nosotros. Como dice Enrique Páez, “desde el momento en que una misma realidad pueda ser interpretada de distintas maneras, y todas (o algunas de ellas, al menos) sean válidas, oportunas, o aporten alguna luz a esa realidad, una misma historia se volverá a escribir cuantas veces sea necesario para verla desde todos los ángulos posibles”.

Una historia no es sólo lo que se cuenta, también la forma de contarlo. La interacción entre el contenido (el tema, los personajes, las ideas) y la forma (la selección y la organización de los acontecimientos, la ambientación, el tono) revelará la visión del mundo del autor, su percepción del como y el porqué de las cosas de este mundo: Ahí radica la originalidad de un texto, lo que hace que sea diferente de otro. Así, aún cuando empecemos a escribir sobre un tema ya conocido, tradicional o clásico, incluso aunque nos parezca repetitivo o recurrente, el resultado puede ser una narración nueva, distinta, original, en suma. De tal manera que, aunque en el fondo, como dijo Juan Rulfo, en literatura solo se puede tratar de tres temas -vida, amor y muerte-, las historias que se pueden narrar son infinitas.

Posts relacionados

4 Comentarios

Ramon Ocampo dejó un comentario el 17 Diciembre 2007 a las 11:10
  1. Coincido en lo dicho en tu post. Uno de los relatos de CF que más me han marcado como incondicional del género es “Ver al hombre invisible” de Robert Silverberg (http://www.ajedrezchat.com/fotos/documentos/ci-fi/Robert%20Silververg%20-%20Ver%20al%20hombre%20invisible.htm?dir=./documentos/ci-fi&offset=40&max=8), que el mismo autor confiesa que crea a partir de una idea “desechada” por Borges (en “La lotería de Babilonia”).

    Pero en este tema me surgen siempre dos grandes cuestiones.

    La primera de ellas tiene que ver con la frontera entre el plagio creativo y el plagio a secas. Entre lo válido y lo innoble. Más aún entre el plagio (creativo o no) consciente y el inadvertido.

    La otra es más peliaguda. Como aspirante a aprendiz de escritor me siento horrorizado ante la idea de que no quede nada nuevo sobre lo que escribir, algo en mi se resiste a tan sólo dedicarme a encender nuevos focos (más o menos brillantes) sobre un escenario ya harto conocido y sobradamente iluminado… es descorazonador.

Isabel Mallen dejó un comentario el 17 Diciembre 2007 a las 12:11
  1. Tienes mucha razón Gloria en tu muy bien explicado post. Siempre he pensado que todo está inventado, sin embargo basta posar tu mirada e interpretar con un punto de vista personal, aquello que observamos, para que aparezca distinto como cada una de las personas lo es. Besos y felicidades.

Marissa Tamayo dejó un comentario el 17 Diciembre 2007 a las 16:42
  1. Parece que todo estuviera dicho, pero eso sólo es una ilusión, porque la vida es un evento dinámico y que cambia constantemente. Cada persona, desde su universo propio percibe la vida de distinta manera. Esta cualidad es la que enriquece la literatura y la hace fascinante

Ismael M. B. dejó un comentario el 18 Diciembre 2007 a las 11:16
  1. No creo que haya nada malo en intentar ser radicalmente original. El plagio creativo corre el riesgo de convertirse en una patente de corso para saquear fórmulas exitosas, como está sucediendo con todas las novelas de intrigas religiosas al rebufo de El Código da Vinci.

    Los Temas son siempre los mismos. Pero los argumentos son potencialmente infinitos porque evolucionan los personajes, evoluciona el estilo y evoluciona la sociedad: los miedos ya no son igual ahora que antes (por citar mi género favorito), ni las relaciones de pareja son iguales ahora que antes.

    Pienso que es obligación del escritor el intentar aportar algo nuevo, tan nuevo y radicalmente original como sea capaz.

Deje un comentario