El suicidio de un escritor
Una noticia impactante, sólo con poner su nombre en Google, David Foster Wallace, se multiplican las páginas.
Impacta por su edad: 46 años. Por la forma clásica escogida para el último acto de su vida: ahorcado. Por la actividad que desempeñaba: profesor de escritura creativa en Pomona College, un centro de estudios liberales en las afueras de Los Ángeles. Porque fue el mejor cronista del malestar de la sociedad norteamericana y porque, suponiendo, su propio malestar le llevó al suicidio.
Ahora su obra será más famosa de lo que ya lo era y su viuda, Karen Green, quien descubrió el cadáver, puede que más rica, pero no volverá a escribir y eso es lo que el mundo literario debe sentir y siente.
Nació en Ítaca, en el Estado de Nueva York, en 1962, hijo de profesores universitarios, su padre de filosofía y su madre de literatura. Sus primeros libros La escoba del sistema (1987) y La niña del pelo raro (1989), escritos cuando tenía veintitantos años, llamaron la atención por la fuerza incendiaria del lenguaje y la radicalidad de sus planteamientos literarios.
Sus estructuras narrativas son consecuencia directa de la sensibilidad de nuestra era porque revienta los códigos estéticos de las generaciones precedentes. El vértigo de las comunicaciones, el exceso de información, la influencia de las grandes corporaciones financieras, los iconos de la cultura pop, la industria del entretenimiento, el cine, el deporte y la música, la amenaza omnipresente del terrorismo. La obra de Foster Wallace supone una forma radicalmente nueva de entender la literatura.
David Ulin, editor de libros, dice de él: “Wallace es uno de los principales escritores que devolvió a la novela a finales de los 80 y principios de los 90 ambición, una sensación de juego, alegría en la narración y una exuberante experimentación de la forma; puede hacer cualquier cosa”.
Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer es un libro de ensayos y opiniones. Un libro magnífico, todo un microcosmos tan planeado y medido como sorprendente. Ese “algo supuestamente divertido” no es otra cosa que un crucero de lujo por el Caribe. Wallace, gracias a su peculiar sensibilidad paranoico-crítica, es capaz de mostrar ciertas impresiones inquietantes y perturbadoras que se esconden tras el turismo de masas.
Entrevistas breves con hombres repulsivos es un libro de relatos.
Es autor de una inmensa novela que se llama Infinite Jest (Burla infinita).
Para leer más.
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