Elegir un libro

Si el acto de elegir un libro fuera fácil no existirían tantos caminos para hacerlo. Caminos que otros nos proponen.

Que nos dejemos aconsejar depende del bagaje que cada persona tenga: formación, inquietudes, hábitos de lectura, etc.

A mí nadie me recomendó este libro. Un día paseando por una librería estaba reposando en una estantería. Vi la portada y pensé “otro libro sobre la guerra”, pero al acercarme, el soldado que está en primer plano en la portada tenía un gesto diferente; en vez de empuñar un fusil, ocultaba su rostro con la mano derecha. Esto me intrigó.

Nos gusta regalar libros. Un libro no es una colonia, pero si tenemos claro que no regalaríamos la colonia que usamos porque eso es una cosa muy personal. ¿Por qué no hacernos la misma pregunta con un libro? ¿Qué hay más personal que la lectura?

Y,  sin embargo, caemos una y otra vez en el error; yo lo hago continuamente, no lo puedo remediar. Si un libro me gusta mucho lo regalo, incluso me he quedado sin él cuando no lo he podido encontrar, con el deseo de que esa persona lo pueda disfrutar igual que yo, que no deja de ser una ilusión por mi parte.

Dos veces he regalado “La ofensa” y, sin saber aún si he acertado, quiero recomendar de nuevo su lectura.

En un post anterior, “Economía de palabras”, comenté de pasada  “Seda” de Alessandro Baricco, un libro de sobras conocido. La lectura de La ofensa me lo recordó, ¿cómo se puede decir tanto en tan pocas páginas? 142 en la edición de bolsillo.

Dice R. M. Salmón sobre esto:

“La brevedad de mis libros obedece a mi forma de escribir, equívoca en vez de unívoca, connotativa antes que denotativa, prácticamente carente de diálogos, una escritura que lo basa casi todo en el poder de la imagen y en la vida interior de los personajes, una literatura de la conciencia, en una palabra, que confía en la capacidad del lenguaje para emocionar y desvelar antes que en funciones más objetivas”.

Y lleva razón, porque ante sus palabras y lo que transmiten se es consciente de la tremenda poda a que han sido sometidas para dejar lo importante, el hueso que sostiene lo demás y la conciencia que hace preguntarse a su protagonista:

“¿Puede un cuerpo dimitir de la realidad? ¿Puede un cuerpo ante la agresión del mundo, ante la fealdad del mundo, ante el horror del mundo, sustraerse de sus funciones, negarse a seguir siendo cuerpo, suspender sus razones, abdicar de ser lo que se es; esto es, abdicar de ser una máquina sensible?”

Yo conocía a su autor, Ricardo Menéndez Salmón, a través de un programa de libros en televisión, “El público lee”, y me acordé que me pareció uno de esos escritores honrados con su escritura, quiero decir, que escribe desde dentro, desde lo que le importa.

No tengo en cuenta las novedades literarias. Ni tampoco me causa ningún trauma no haber leído un libro necesario. Son los libros los que me conducen, me cogen de la mano y me llevan por caminos infinitos.

Pero no siempre es así, a veces me dejo guiar por la sorpresa de una foto en la portada.

Y ya ven, no cejo en mi empeño. !Se ahorrarían tantas horas de lectura sobre la guerra si leyeran esta! ¡Tanto cine  sobre el género! Se puede mostrar en 142 páginas de manera más sutil, sin fusil y sin imagen, sólo la que tú formes con su lectura.

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6 Comentarios

Carlos dejó un comentario el 28 enero 2010 a las 23:06
  1. Y es que una buena portada hace mucho, ya que nos ayuda a la elección de los libros.

    Nosotros como editores cuidamos mucho las portadas ya que muchos lectores también compran por el diseño y es una forma de atraer para que lean su interior

José Felipe Obiols dejó un comentario el 29 enero 2010 a las 21:22
  1. Muy buen artículo, y gracias por la recomendación.
    A mi me pasa algo parecido con lo de regalar y/o recomendar libros. Cuando algo me gusta, siento que a todos les va a gustar, y no necesariamente es así.

    Me pasa también cuando leo en mi Google Reader un artículo que me gusta, y lo comparto con otras personas, quienes no lo toman con la misma emoción que yo.

    Saludos,

Elisa I. Mellado dejó un comentario el 30 enero 2010 a las 13:09
  1. Amiga, tienes buena intuición para elegir los libros, igual sean para tu lectura personal como ofrecerlo como regalo. Ya sabes que tengo buena prueba de ello. A través de tus comentarios y reseñas he conocido autores y sus obras con los que he disfrutado. Éste lo tendré en cuenta.
    Un abrazo.

rosa dejó un comentario el 30 enero 2010 a las 13:27
  1. Isabel, he sido afortunada doblemente, porque me lo regalastes y lo he leído. A mí tambien me llamó la atención la portada del libro, pero cuando lo terminé de leer creo que entendí su significado. Es un soldado que oculta un rostro, que a lo largo de su actividad en la guerra PIERDE, como herida física; pero tambien pierde y gana otras cosas de apreciación de la vida: el amor, amistad, consuelo etc…..Está muy interesante la diatriba entre el cuerpo físico y las barreras que no le impiden sentir, emocionarse, huir, al final elegir. Bsos

Reyes dejó un comentario el 30 enero 2010 a las 23:13
  1. Me parece muy interesante lo que tratas y un punto de vista original, trataré de sacar tiempo para leerlo.

Marissa Tamayo dejó un comentario el 12 junio 2010 a las 15:59
  1. Tú dices que cuando un libro te gusta, lo regalas. En cambio mis libros preferidos los guardo como tesoros, porque hago una serie de anotaciones en ellos que no quisiera que lean otras personas.
    Regalar libros se me hace un poco difícil, porque tienes que conocer muy bien al destinatario. Si dudo, prefiero regalarle una botella de vino o una canasta de flores para el jardín.

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