En el puerto, dos poetas del amor
El viento mece a su antojo las palmas milenarias, en el horizonte asoman nubes grises que anuncian tempestad. El Caribe es zona de tormentas, y las poetas que hoy ocupan este espacio fueron azotadas por otro fenómeno tan fuerte como un huracán: la pasión.
Mercedes Negrón Muñoz (1895-1974) es su nombre real, pero prefirió llamarse Clara Lair. Nació en la montaña, Barranquitas. Perteneció a una familia acomodada donde se respiraba política y poesía, mas se mantuvo alejada. Quintín Negrón, su padre; Luis Muñoz Rivera, su tío (destacado poeta y político de la Isla) y Luis Muñoz Marín, (primer gobernador de Puerto Rico electo por el pueblo) su primo; fueron poetas. Años después, ella también lo será.
Estudió en Ponce, luego se trasladó con su familia a NY donde publicó su primer poemario Arras de cristal (1937), con el que ganó un premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña. Este se incluye nuevamente en un triple título: Trópico amargo; Arras de cristal; Más allá del poniente (1950). Exaltó en sus versos el amor, el erotismo y la muerte: Duerme mi niño grande, duerme, mi niño fuerte: que el juego del amor rinde como la muerte. Lullaby mayor
Su vida amorosa no fue placentera. Se habla de un amor prohibido con un primo y un romance clandestino con un joven negro, quien la abandona por otra mujer. A este último le dedicó Pardo Adonis:
De la uva exhausta de mis cinco sentidos exprimo
en tu honor, pardo Adonis, esta gota de vino…
¡Vino de tedio tinto! ¡Hincha a solas el río seco de mi instinto!
De niña fue retraída y de joven, evasiva. regresó a PR y encontró buenas amigas, entre ellas Felisa Rincón de Gautier. Ha sido considerada “poeta de fina sensibilidad” y “alma gemela de Alfonsina” (Llorens Torres); “la poeta del amor” (Hernández Aquino) y “una auténtica poetisa… de angustia musical y profunda” (Antonio S. Pedreira). El documental “Una pasión llamada Clara Lair”, de Ivonne Belén, ahonda en su vida y obra. Murió a los ochenta años “acompañada por una docena de gatos” y un universo de palabras.
La segunda poeta que destacamos es Julia de Burgos (1914-1953). Nació en Carolina, barrio Santa Cruz, en un ambiente lleno de privaciones. Hija de Francisco Burgos, hombre aventurero, imaginativo, aficionado a la lectura y a la bebida; y de Paula García, mujer bondadosa y sacrificada. Fue la primogénita y única de trece hermanos que estudió durante su infancia. Aventurera por herencia, caminaba descalza por la vereda del río. Conoció la pobreza, la muerte y la incertidumbre; anduvo largas distancias para llegar a la escuela. Cuando quedó fuera del salón, por falta de pago, se acercó a una ventana, se subió a un árbol, y desde allí insistió en participar de la discusión. Amó la naturaleza, especialmente el río y el mar, como muestra en Río Grande de Loíza, su poema más conocido.
Su vida amorosa estuvo marcada de fracasos y dolor. Toda su obra poética se recoge en Poema en veinte surcos, su primer libro (1938), Canción de la verdad sencilla (1939) y El mar y tú, obra póstuma (1954). En 1961, el Instituto de Cultura de PR publicó la Obra Poética de Julia de Burgos, recopilación de los poemarios ya mencionados. Logró con sus versos la rebeldía y la liberación que no alcanzó en su existencia. La dualidad de su existencia se manifiestan en el poema A Julia de Burgos.
Se refugió en suelo extranjero donde tuvo un dramático deterioro físico y emocional. Anticipó la tragedia de su fallecimiento en Poema para mi muerte: “Morir conmigo misma, abandonada y sola, en la más densa roca de una isla desierta”. Su maltrecho cuerpo (producto de la dependencia del alcohol) fue encontrado sin vida en una calle en NY. Semanas más tarde, amigos y familiares dieron con sus restos en la morgue, los que trasladan y entierran en Puerto Rico.
Clara y Julia son dos poetas de la pasión, entendido como fervor y dolor. Amaron mucho, quizás en demasía. Nos legaron el alimento que salvó sus almas: la poesía. Acércate y conócelas. Por lo demás, que se multipliquen las poetas de cualquier lugar del mundo, pero no sus historias desgarradas.
Posts relacionados
- Sufrimiento: musa del poeta
- “Cartografía Poética”
- ¿Por qué el Caribe?
- Con la calle al hombro: Luis Rafael Sánchez
- VI Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande
3 Comentarios
Deje un comentario



Judy, Nunca escuché nada acerca de las poetisas Julia y Clara, pero me enterneció leer sobre sus vidas, marcadas de dolor y sufrimiento, que son el alimento de las almas sensibles, y que usan las palabras para construir castillos hermosos.
Hola, Judy, encantada de conocer a estas dos poetisas. Qué bien que dejaste enlaces, estuve leyendo algunos poemas y la segunda, Julia de Burgos, es decididamente mi favorita.
Qué delicadeza de poemas…
Saludos, compañeras!! Y gacias por los comentarios.
Debo decir que Julia es la poeta del pueblo puertorriqueño, y sí; también mi favorita.
Abrazo sinceos,
Judy