Escribir es transcribir
“Incluso cuando inventa, -dice Claudio MagrÃs- un escritor transcribe historias y cosas de las que la vida le ha hecho partÃcipe: sin ciertos rostros, ciertos eventos grandes o pequeños, ciertos personajes, ciertas luces, ciertas sombras, ciertos paisajes, ciertos momentos de felicidad y de desesperación, no habrÃan nacido muchas páginas.
Cuesta a veces comprender por qué se empeñan los novelistas en inventar historias y destinos cuando la realidad, las cosas que nos pasan a diario a cada uno de nosotros y las generales que pasan en el mundo, es más fantástica e imprevisible que la imaginación”.
Nosotros somos el canal de transmisión. Por nosotros fluyen los lenguajes y nuestro cuerpo los traduce a otros lenguajes. El lamento de Orfeo tiene voz desde hace siglos.
Pero, ¿y EurÃdice? Poco sabemos de ella, más allá de su atractivo irresistible, que condujo al desenlace trágico: el poeta no pudo esperar a contemplar de nuevo a su amada y echó por tierra su descomunal trabajo para viajar al Hades y rescatarla, generando de paso el colosal mito que le acompaña desde entonces.
Claudio Magris ha osado devolver la voz a EurÃdice en Asà que Usted comprenderá (Anagrama), un monólogo de apenas 60 páginas escrito para la escena en que la mujer expone sus razones, entre otras cosas, para decidir libremente permanecer entre los silenti spiriti por puro agotamiento y obligar además a su novio a afrontar la nueva situación.
“Las mujeres han adoptado para sà mismas la parte de la sombra para liberar al hombre, para dejarle a él el lugar al sol en la Historia“, escribe el autor italiano. “Y creo que este tÃtulo (La parte de la sombra) y este tema concuerdan muy bien con este texto mÃo, “Asà que usted comprenderá”, que se desarrolla todo en la sombra, fÃsica y metafóricamente.
Se podrÃa incluso decir que, de algún modo, hasta hace unos años, la mujer ha interpretado en la Historia, respecto al hombre, aquel papel, que en las famosas páginas de Diderot y de Hegel, interpretaba el siervo en confrontación con el amo. Y esto ha permitido también la lenta pero inexorable revancha de la mujer; asà como en el origen al siervo lo expropia el amo, que puede vivir plenamente porque es el siervo el que se carga con la fatiga del trabajo, el siervo, cargándose con esta fatiga, se agarra poco a poco a la realidad, se concierte en la verdadera realidad del amo, que al final se reduce a ser un mero nombre, una mera fachada. Visible, pero como es visible una etiqueta. Adoptar la parte de la sombra quiere decir trabajar, incidir sobre la realidad, cambiar la realidad; convertirse en los/las artÃfices de la realidad, aquellas que la dan forma y sustancia.
El peso de la pena oscura delegado en la mujer se convierte poco a poco en el peso de la realidad, de la vida misma. Una figura femenina colocada en la proa de la nave, para recibir la primera los azotes de las olas, del viento y de las tempestades, los golpes de la violencia y de la vida.
He sentido muy intensamente este tema de la mujer que a menudo adopta el hombre como escudo; que el hombre pone como escudo entre sà mismo y la violencia de la vida y de la historia, para que las flechas golpeen primero el cuerpo de la mujer, que absorbe el veneno y protege, al menos en parte, el del hombre“.
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Me gustó mucho la reseña, va link en Lo mejor de la quincena, saludos!
Interesante reseña, desconocÃa a este autor. Tema que despierta mi curiosidad. Daré una vuelta por la Feria del Libro y ojeraré sobre este escritor.
[...] dos ya puse una reseña. La primera de Claudio Magris, un alegato, a la vez justificación que siguiendo las huellas del mito órfico, da cuenta de un [...]