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Génesis 5:27

Desde siempre el hombre se ha sentido fascinado por la idea de la inmortalidad. Sin embargo, la longevidad extrema parece ser un tema mucho más recurrente, más doméstico, podríamos decir. Mientras que la inmortalidad generalmente parece ir ligada a la necesidad de cambiar el plano de existencia -la idea judeo-cristiana de la resurrección o el viaje a través de las sombras la de las antiguas religiones egipcias-, el alargamiento de la vida, incluso el alargamiento extremo, se nos antoja, tal vez, como algo más natural, más asequible.

Sin embargo, de que nos vale una larga vida sin su más “divino tesoro”: la juventud. Así pues, la prolongación de los años de la vida va normalmente emparejada a la del vigor y salud propios de esa temprana etapa. El mito recurrente en diversas culturas de la fuente de la eterna juventud o de cualquier otro análogo es la más clara evidencia de esta pulsión.

Tal vez el “Retrato de Dorian Gray” (The Picture of Dorian Gray, Oscar Wilde, 1890 y 1891) sea una de las cumbres literarias jamas elevadas por el ingenio humano y la mejor jamas escrita (al menos desde mi modesta opinión) sobre este tema tan lleno de facetas.

La CF, como exploración intencionada de posibles, no puede ser ajena a este canto de sirenas. Acompañando a la conquista del espacio, el hombre parece avanzar exitoso en esta particular conquista del tiempo. De hecho, la continua subida de la esperanza de vida en todo el mundo no es no una clara muestra de esa tendencia.

No obstante, el hecho vital del aumento en la duración de la vida -de la juventud- no reviste interés alguno si no nos planteamos que hacer con ese tiempo que se nos dé. Robert Heinlein se vio seducido por esta cuestión. Ya en 1941 escribe un serial de relatos: “Los hijos de Matusalén” (Astounding Science Fiction) en el cual dibuja un programa de selección genética dirigido hacia este logro. Más tarde revisa y amplía esta serie de cuentos fundiéndolos en una novela corta “Las 100 vidas de Lazarus Long” (Methuselah’s_Children, 1958) para años después publicar su continuación: “Tiempo para amar” (Time Enough For Love, 1973), la que para el gusto del que aquí escribe es su trabajo más logrado en el campo de la CF.

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Al igual que Wilde, Heinlein se plantea la aparente incapacidad del ser humano de enfrentarse a su propia quasi inmortalidad (aunque desde una óptica bastante diferente). La novela arranca con un Lazarus Long que es prácticamente secuestrado por su familia y sometido a los tratamientos médicos que le rejuvenecerán (según Heinlein la prolongada vida de estos seres humanos es una mezcla de dichos tratamientos aplicados sobre los descendientes de un programa de selección genética guiada que ha durado generaciones). El protagonista sólo deseaba morir, estaba cansado de despedirse de seres queridos, de verlos envejecer a su lado mientras el intenta mediante engaños hacer ver que también los años se lo van llevando por delante.

Esto no es, empero, lo más original de la novela. Heinlein, como prácticamente cualquier escritor, utiliza su pluma para intentar comunicar sus ideas, sus pensamientos y sentimientos, e influir en el lector. Qué mejor oportunidad se le podía presentar que un protagonista con cientos de años de experiencias, aprendizajes y pensamientos que compartir con los lectores. En sus extractos de los cuadernos de Lazarus Long, una serie de separatas dentro del hilo de la novela, Heinlein coloca en labios de Lazarus Long su particular ideario: una curiosa mezcla de progresismo, pensamiento reaccionario, tradición y modernidad. Para muestra, un boton: Ser inteligente no es un crimen. Pero la mayoría de las sociedades lo evalúan, por lo menos, como delito menor.

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7 Comentarios

Diana P. Morales dejó un comentario el 5 Noviembre 2007 a las 14:27
  1. Me faltan muuuchos libros de Heinlein por leer, gran autor. Tomo nota de éste ;-)

Diana P. Morales dejó un comentario el 6 Noviembre 2007 a las 13:26
  1. El libro que me enganchó a Heinlein para siempre fue “Puerta al verano”… Tengo muchas ganas de hincarle el diente a “La luna es una cruel amante” y a “Forastero en tierra extraña”.

Elisa I. Mellado dejó un comentario el 6 Noviembre 2007 a las 22:46
  1. No soy muy aficionada a libros de ciencia ficción, pero este que describes me ha despertado curiosidad.Creo que más de uno hemos pensado lo de vivir aún más años del promedio estadistico, pero surje esa pregunta ¿Qué hacer durante ese largo ciclo?
    ¿Trabajar menos y disfrutar más? Tomo nota para leer a este autor.

Ramon Ocampo dejó un comentario el 6 Noviembre 2007 a las 23:31
  1. Creo que el terceto formado por “La luna es una cruel amante”, “Forastero en tierra extraña” y “Tiempo para amar” son suficientes para tener una visión de conjunto clara de la obra del autor y, más importante aún, de su ideario personal puesto que este escritor utilizó consecuentemente su obra como tribuna de su ideario. En este sentido una novela mucho más ligera (aunque fácil de malinterpretar) es “Tropas del espacio” donde presenta su dual y a veces algo ambigua visión de las fuerzas armadas.

Ramon Ocampo dejó un comentario el 6 Noviembre 2007 a las 23:42
  1. Querida Elisa,

    Este tipo de comentario es bastante habitual y lo entiendo perfectamente. La CF tiene una especie de “barniz” de subliteratura completamente injusto.

    La literatura en general explota básicamente los mismos temas universales. Diría más los trata con incluso los mismos enfoques, argumentos y desenlaces… Seguro que más de una novela rosa de Corin Tellado u otro autor del género han tratado de forma similar la historia de los amantes de Verona. Pero Romeo y Julieta es sencillamente una obra de arte.

    A lo que quiero llegar es que en CF los temas son esos mismos temas universales (por ello comencé mi post recordando “El retrato de Dorian Gray”). Lo que cambia es el escenario en el que se desenvuelve la acción y los supuestos - en este caso científico/tecnológicos- que le sirve de motor o excusa. Como en toda literatura hay buenos y malos libros. Escritos a la carrera y descuidadamente o pulidos con esmero. Sólo es cuestión de encontrar el grano dentro de toda la paja.

Marissa Tamayo dejó un comentario el 8 Noviembre 2007 a las 15:01
  1. La inmortalidad y la juventud eterna son dos temas tentados por muchos autores, pero también en la religión se mencionan estos temas, y que reflejan, pienso,la búsqueda del hombre por vivir en un lugar ideal, lejos de las enfermedades y el dolor de envejecer. Buen post!

Ramon Ocampo dejó un comentario el 9 Noviembre 2007 a las 9:49
  1. Gracias Marissa por tu amable comentario.

    Bueno, al fin y al cabo todas las grandes religiones están cinceladas desde sus expresiones literarias: los libros sagrados. Este no es el lugar para cargantes análisis teológicos, sin embargo me permitiré compartir una de las ideas/pensamientos/dudas que me ha rodado por la cabeza desde hace ya bastante: ¿cuanto de carácter de una religión viene dado por el contenido de sus libros sagrados y cuanto por el estilo en que fueron escritos?

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