Hay que ser valiente para querer a Pizarnik.
Aunque pocos lo saben, nació llamándose Flora, y claro está, en primavera.
Cuando uno descubre a Pizarnik piensa que, tal vez, venÃa de otro mundo. Cuando intentas adentrarte en sus letras piensas que ese otro mundo habitaba en ella. Y cuando bebes de su sangre entiendes que ella era un mundo. Un mundo que no se sostenÃa en el carbono ni en el agua.
Un mundo con su civilización propia y sus leyes (o no leyes), un mundo con su clima y su espacio, su viento y su mitologÃa. Un mundo cuyo único alimento fue la poesÃa; cuya única tormenta fue la poesÃa; cuya única existencia fue la poesÃa. Un mundo que no se entiende totalmente desde este otro mundo. Un mundo con muchos siglos porque todo iba tan deprisa como el corazón de un colibrÃ. La noche y el dÃa pareciera que tornaran cada dos minutos, amor y desamor cada cinco; cada cuarto de hora una guerra y cada veinte minutos un parto y asà gira que te gira como una bicicleta panza arriba.
Hay que ser valiente para querer a Pizarnik. Su poema es un revólver. Tiene la intensidad y la tardanza del segundo que precede a la presión del gatillo; y la certeza y contundencia de una bala.
No sé si el Dios creador de todo lo que existe es el mismo del mundo Pizarnik, pero de ser asà he de decir que su muerte es, sin lugar a dudas, uno de sus múltiples fracasos; no asà su sufrimiento… que no fue en valde.
El 25 de septiembre, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clÃnica psiquiátrica donde estaba internada, muere de una sobredosis intencional de Seconal.
Escrito con tiza en el pizarrón de su cuarto de trabajo podÃa leerse: “criatura en plegaria/ rabia contra la niebla// escrito/ en / el/ crepúsculo// contra/ la / opacidad// no quiero ir/ nada más/ que hasta el fondo// oh vida/ oh lenguaje/ oh Isidoro// septiembre de 1972.
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5 Comentarios
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No. No hay que ser valiente. Simplemente hay que amar la poesÃa.
Alejandra, como todo buen poeta, vivió siempre muy cerca de los lÃmites. AhÃ, en el borde, es donde se escriben los versos de verdad.
Por ejemplo, los que dedicó a Janis Joplin (otra que también se asomó al abismo): “a cantar dulce y a morirse luego./ no:/ a ladrar…”
Parece que su vida fue una invitación a ir nada más que hasta el fondo.
Una extensa obra para sólo 36 años de vida desgarrada y solitaria.
Hay que ser valiente para querer a Pizarnik como hay que ser valiente para asomarse a un abismo.
¿Está de moda Pizarnik? Me han llegado referencias de ella a la vez de distintas partes, desconectadas entre sÃ. Habrá que leerla.
Una auténtica poeta y muy valiente para decidir su final: el último aliento para escribir un desgarrador poema.