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Laberintos

laberintoEl pasado fin de semana Borges vino a mi vida. Estaba con mi familia dando una vuelta por un pequeño pueblo llamado La Hiruela, en su fiesta de la recogida del pero y me perdí en un laberinto llamado mapa… pero no iba sola. Mi cuñado y yo mirábamos el mapa y cada vez nos confundíamos más. Al cabo de un rato el resto de la familia decidió tirar por el primer camino, y después de unos metros vimos el cartel con el nombre de la ruta “elegida”. Ésto me recordó el cuento Los dos reyes. Corto, contundente y real. Obsesionado con los laberintos, Borges sólo hablaba de la vida.

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3 Comentarios

Diana P. Morales dejó un comentario el 6 Noviembre 2007 a las 12:30
  1. A mí me pasó esto mismo en el pueblo de Gernika, buscando el famoso árbol; dos horas dando vueltas con el mapa en la mano, buscando y buscando. Cuando al fin lo encontramos (un lugareño amabilísimo nos guió desde su moto) resulta que el árbol estaba talado desde hacía unos meses. :-(

    Curioso cómo Borges se cruza en nuestras vidas, y ¡cuando lo hace Kafka es aún peor!

Elisa I. Mellado dejó un comentario el 6 Noviembre 2007 a las 22:10
  1. He tomado tu post como una metáfora, ya que mencionas a nuestro admirado Borges.
    No eres la primera ni serás la última que pase por esos mometos de confusión. Creo que muchas veces perderse en un “laberinto”, es una forma de esforzarse en solucionar el problema de cómo salir de él. A tí te salió muy bien gracias a tus familiares que te ayudaron.

Ramon Ocampo dejó un comentario el 7 Noviembre 2007 a las 18:53
  1. ¡El divino Borges!

    La metáfora del laberinto es una de mis favoritas. Pero los laberintos borgianos a mi se me antojan como caminos de una sola dirección. No puedes regresar a una intersección una vez la has abandonado puesto que los caminos que de ella se derivan ya no llevan a los mismos destinos.

    Como tu dices: tal cual la vida.

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