Las discontinuidades en la narración

“Volvamos al cuento tradicional”, nos dice en este libro John Berger para introducirnos en la forma narrativa fotográfica.

“El perro salió del bosque es una declaración simple. Cuando esa frase continúa con El hombre dejó la puerta abierta, la posibilidad de una narración ha comenzado. Si el tiempo de la segunda frase se convierte en El hombre había dejado la puerta abierta, la posibilidad se vuelve casi una promesa. Toda narración propone un acuerdo entre las relaciones, no declaradas, pero asumidas, existentes entre los sucesos.

Ninguna historia es como un vehículo de ruedas cuyo contacto con la carretera es continuo. Las historias caminan, como los animales o los hombres. Y sus pasos no se hallan sólo entre los sucesos narrados, sino entre cada frase, algunas veces cada palabra. Cada paso es una zancada sobre algo no dicho.

Todas las historias son discontinuas y están basadas en un acuerdo tácito sobre lo que no se dice, sobre lo que une las discontinuidades. Entonces surge la pregunta: ¿Quién llega a ese acuerdo con quién?. Uno se siente tentado a contestar: el narrador y el oyente. Sin embargo, ni el narrador ni el oyente se encuentran en el centro de la historia: están en su periferia. Aquellos de los que habla la historia están en el centro. Es entre sus actos y atributos y reacciones donde va a estableciéndose la conexión no declarada.

La historia confiere autoridad a sus personajes, a la experiencia anterior del oyente y a las palabras del narrador. Y es la autoridad de todo ello unido lo que hace que la acción de la historia –lo que sucede en ella- sea merecedora de la acción de contarla y viceversa.

Las discontinuidades de la historia y el tácito acuerdo subyacente a ellas unen al narrador, al oyente y a los protagonistas en una amalgama. Una amalgama a la que llamaría sujeto pensante de la historia.

Una historia no es simplemente un ejercicio de empatía. Tampoco es un lugar de encuentro para los protagonistas, el oyente y el narrador. Contar un cuento es un proceso único que funde esas tres categorías en una. Y, finalmente, lo que las funde, dentro del proceso, son las discontinuidades, las conexiones silenciosas, acordadas en común.

En cuanto a la forma narrativa fotográfica, si os interesa, la comento en mi blog

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6 Comentarios

reyes dejó un comentario el 23 Enero 2008 a las 21:45
  1. Me ha interesado mucho lo que dices sobre el modo de narrar, la sencillez de los cuentos y las conexiones. Buscaré el libro.

reyes dejó un comentario el 23 Enero 2008 a las 21:46
  1. Me ha interesado mucho lo que dices acerca de las conexiones, el modo de narrar y la sencillez en el estilo del cuento. Buscaré el libro.

Elisa I. Mellado dejó un comentario el 23 Enero 2008 a las 23:15
  1. Amiga Isabel, me ha gustado tu post, ya sabes la de veces que hemos comentado sobre la narración y los personajes. Me he acordado de una frase reflejada en uno de los libros recomendados por Diana, “Taller de Narrativa” de Laura Freixas.
    “El consejo de Horacio Quiroga: Toma a los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste”.

Ramon Ocampo dejó un comentario el 27 Enero 2008 a las 23:20
  1. Hablando con un amigo hace tiempo (mucho tiempo, casi en otra era) llegamos a una conclusión más o menos en esta misma línea.

    Nos creamos una metáfora geométrica para entendernos nosotros mismos y explicarla a nuestros cercanos: escribir es dibujar unos cuantos puntos aislados en medio de un espacio complejo y de muchas direcciones. Sobre esos puntos podian pasar infinitas lineas curvas, unas más simples que otras, unas más agraciadas, otras incluso hasta desagradables…

    La obra maestra en literatura es la que logra plasmar, en un mínimo número de puntos, una serie de estas formas, todas hermosas, todas consistentes.

    Muchas horas pasamos hablando y hablando del tema, buscando puntos y curvas en los cuentos de García Marquez, de Cortazar, de Quiroga; intentando convertirnos a nosotros mismos en hilivanadores de historias.

    Pero el tiempo siempre arrastra cambios: yo me casé, el se fue del país por una cuestión de trabajo, luego fuí yo el emigrante. Al final de todo aquello tan sólo nos queda el recuerdo y la distancia entre nuestros respectivos puntos.

    Gracias Isabel, tus posts siempre me resultan particularmente instructivos, pero en este caso han serviso de disparador de un hermoso recuerdo… eso no tiene precio.

Elisa I. Mellado dejó un comentario el 7 Febrero 2008 a las 0:05
  1. Como complemento a tu post, también he leído la parte correspondiente a la fotografia en tu blogs el costurero Has hecho un buen trabajo. Ya sabes mi comentario.

De A para X | Literatúrate dejó un pingback el 31 Julio 2009 a las 18:48
  1. [...] la forma de mirar de John Berger o quizás otra forma de contar lo que nos llega con su palabra. Por eso se ha convertido en una de las voces esenciales para [...]

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