Leer a fondo
Hace días, al leer la prensa, me llamó la atención un artículo de Vicente Verdú con el título ¿Para qué tanto leer?. Este escritor, que por su oficio bueno sería que animara a la lectura, no parece que tenga ganas, según la pregunta, ni siquiera de recomendar su último libro.
Presenta al libro como un objeto a extinguir: “la vida de la hormiga es tan improbable en la Gran Via como la vida del libro es exigua en el angosto y hasta alicatado ocio de la humanidad”
Expone las razones, ya sabidas, del poco arraigo de la lectura debido a la: TV, videoconsolas, falta de tiempo, que impiden “no ya leer sólo lo que da placer, sino leer a fondo”.
Afirma que los lectores de best sellers “son mutantes, lectores de letras pero no letrados”. A los de verdad, “los lectores conspicuos”, minoritarios por cultos, cuestiona si hay razón alguna para propagar la lectura de El Quijote. “No se lee por el Quijote, no se lee siquiera por consejo o ejemplo de los padres, se lee cuando el bocado de tiempo que pertenece al libro procura sabrosas y efectivas sensaciones de placer”.
Un artículo, desde mi punto de vista, pesimista. La realidad es múltiple y las hormigas son un ejemplo de sociedad organizada.
No obstante, cabe preguntarse qué va a pasar, no sólo con el libro, sino con las editoriales, librerías, bibliotecas etc…, y, quizás, por encontrar un panorama no tan negro, me acerqué a la Feria del Libro de Sevilla donde tuve ocasión de asistir a tres mesas redondas dentro de la jornada “Leer en pantallas-Edición sostenible”.
Esta claro que con Internet se está viviendo un cambio en la manera de escribir y transmitir conocimientos y que toda evolución en la tecnología es un proceso de destrucción y de creación, pero no desaparece una cultura así, por las buenas, como no desapareció la radio cuando llegó la televisión.
El e-Book no tiene por qué ser el fin del libro tal y como lo conocemos. Uno de los problemas de la lectura en la Web es que propicia un tipo de lectura que afecta a la formación de pensamientos. Esta lectura fragmentada que nos guía de hipervínculo en hipervínculo, puede ser uno de los motivos que nos haga desistir del esfuerzo de leer un libro y sintetizar su contenido para interiorizar lo que se dice y formarnos una opinión completa, algo que conseguimos con el libro de papel.
La conclusión es que todos estos sectores se han de integrar, de hecho lo están haciendo, en este nuevo mundo tecnológico para dar respuesta, a una nueva generación que empuja, esos “nativos digitales”, que ya han nacido con la nueva tecnología y que no tienen ningún problema para leer en la Web. Y, principalmente, para no perder el tren y convertirse en algo obsoleto.
Sin embargo, todo esto requiere adaptación, es lento porque se trata de cambiar hábitos, de desprenderse de cosas (creación), de cuestionarse qué tipo de ganancia o satisfacción se obtiene con este arduo trabajo como es la escritura y la difusión de la cultura. Muchos autores se resisten y buscan formas de protección nuevas para publicar en Internet, aunque cada vez más el que pretenda hacerlo y decir “esto es mío”, lo tiene crudo.
Particularmente mi acercamiento a Internet me ha dado más que me ha quitado, he encontrado un espacio para compartir y canalizar mis inquietudes, un canal de documentación, un espacio de debate y de aprendizaje. Ahora leo más a fondo que nunca porque puedo, a golpe de ratón, profundizar en los contenidos que busco.
Y termino con un enlace que me parece ilustrativo, El derecho a leer, que tomé de esta otra dirección en la que Elena Lisón, ponente de una de las mesas redondas, habla de las licencias de protección.
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