Los escritores
“Recrearse” un segundo en la propia gloria conduce a la más absoluta soledad.
Dice Elvira Lindo, con su acertado tono irónico que la caracteriza, en una de sus columnas semanales, que los escritores, como los cirujanos o los cocineros, responden a varios estereotipos: “los que están resentidos por no alcanzar el éxito que creen merecer; los que, aún muriendo de éxito siempre están descontentos y quisieran que los suplementos literarios fueran monográficos sobre su persona; los que dicen que viven retirados, pero morirán con la lengua fuera de un congreso a otro”.
La muerte de un escritor provoca múltiples definiciones sobre su vida y obra. La televisión, sin ser aún enterrado, se encarga de dar vueltas y más vueltas sobre lo que hizo y lo que dijo; casi siempre con tintes melodramáticos, en vez de mostrar una vida en toda la extensión de su carrera.
Fernando Fernán Gómez no es Umbral, otro escritor que se fue en septiembre. A éste sí le vendría bien la primera frase de este post. De él dijo Elvira “un hombre condenado a la soledad del que no ha sabido o no ha querido tener discípulos“.
Fernando Fernán Gómez no fue un escritor como los que se definen al principio, aunque la televisión lo muestre harto de las personas, muy posiblemente sus motivos tendría para contestar así. Por el contrario, tuvo que ser muy especial como lo definen los que lo conocieron bien. Para los que no tuvimos esa suerte, siempre buscamos la inteligencia que había detrás de aquel tipo “raro” fuera de lo común.
Y pienso que, si alguien le hubiera preguntado cómo quiere que lo recuerden, hubiera contestado: “la posteridad no me importa en absoluto“.
Sin embargo los que seguimos aquí y admiramos su obra nos preguntamos sorprendidos por qué se siguen dejando los homenajes cuando no están ellos para recibirlos.
¡Por favor!, ¡por favor! Concédanle a una persona que ha colaborado para elevar la cultura de un país en los tiempos que corrían, todos los honores, los homenajes, las placas y demás condecoraciones para que pueda disfrutarlos aquí.
¡Por favor!. ¿De qué le sirven ahora señores míos?.
Posts relacionados
- ¿Qué somos antes de que nos publiquen?
- “Saul y Patsy” de Charles Baxter
- Julio Cortázar
- ¿Qué inventan los escritores?
- La pluma y la botella
4 Comentarios
Deje un comentario



En los anos 1973 haste 1976 he vivido en espana, no conozco la obra escrita de Fernando Fernan Gomez pero me acuerdo perfectamente de su “presencia”, de su fuerza, de su talento exprimido en la pelicula EL ANACORETA
que personaje !
Cuánta verdad, cómo le criticaban cuando vivía esos mismos medios de comunicación que ahora le ensalzan y le dedican monográficos
Mundo extraño, éste.
Isabel, los hombres tienen a veces demasiado orgullo para reconocer las flores creativas que producen las personas.
Siempre me ha atraído Fernando Fernán Gómez, su talla de actor, cuando lo vemos en El abuelo o La lengua de las mariposas, de una ternura, que contrasta con su imagen de huraño y furioso. Incluso enfadado me gustaba, lo veía sincero. Sí, estoy de acuerdo que los homenajes deberían ser en vida, pero así parece ser el mundo del arte, fugaz, olvidadizo.