Los libros “viajan solos”
He leído un artículo aparecido en el suplemento “Las artes y las letras” del diario ABC, que me ha hecho reflexionar. Su autor J.J. Armas Marcelo, según confiesa, le gustaba escribir por las noches amparado por el silencio. Un hecho que me ha llamado la atención, ya que también soy una noctámbula en ése sentido. A pesar de esas horas “misteriosas” de la madrugada me siento cómoda, e imagino que la Musa se siente menos cohibida para echarme una mano en esos momentos de inspiración. A partir de ahora, después de conocer las experiencias de este autor, mi curiosidad se acrecienta, por lo tanto, mientras intento mantener ese tira y afloja con mis imaginarios personajes novelescos y, además, contar mis experiencias viajeras, estaré atenta a todo cuanto pueda suceder en mi habitáculo de trabajo, por supuesto, rodeada de libros.
Me ha parecido interesante este artículo “A solas con los libros”. Supongo que a quién le gusta escribir deja por sentado que también es lector. Para aquellas personas que comparten estas inclinaciones, y tengan la misma curiosidad que yo, he aquí un pequeño resumen.
” Dejé de escribir de noche en mi estudio-biblioteca cuando una vez escuché
sin querer un susurro en una esquina del silencio. Como estaba solo, me inquieté. Otra noche, mientras escribía, se cayó de su lugar un libro que hacía años que no tocaba. ¿Eran los libros disfraces de fantasmas o, en fin, eran de verdad seres vivos que descansaban durante el día y salían a pasear por la noche?”
“Les he preguntado a muchos escritores por esos extraños movimientos de sus libros, cuando están a solas con ellos .Ahora sé que los libros están vivos. Hace años que vivo con ellos y siempre han jugado conmigo a esconderse cuando lo necesito en un momento indicado. Un día fui a buscar en su lugar exacto un libro que consultaba con frecuencia, y en su sitio de ritual pareció otro. Creí que me había equivocado de los lugares de ambos. Tiempo después, el libro que busqué durante meses apareció en su lugar de siempre, de dónde nunca parecía haber salido, y el otro en el suyo correspondiente.”
“Pero esa dislocación se produce con frecuencia en las bibliotecas. Creemos
que alguien ha tomado prestado el libro que buscamos y por eso no aparece. El misterio se agranda y nos asombra cuando, sin que lo busquemos con el interés de la vez anterior, ahí está, en su sitio, donde le corresponde. Conozco bien mi biblioteca, pero esa seguridad se tambalea cada minuto que un libro desaparece cuando lo necesito, y reaparece después en su lugar.”
“Durante una temporada, desesperante, estuve buscando un libro en mi biblioteca, Antígona, de Sófocles. Me hacía buscarlo de esquina a esquina, de anaquel en anaquel y de fila en fila, a lo largo y ancho de mi biblioteca. Llegué a
inquietarme por la pérdida de aquel ejemplar.”
“Aquel libro apareció años después en el lugar que yo recordaba que había ocupado siempre. Como si se hubiera ido a un largo viaje sin pedirle permiso a nadie y, al final, hubiera regresado a su cubículo en el silencio de una de esas noches de biblioteca cerrada”.
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Imaginar que los libros están dotados de vida y que en cuanto no miramos vuelan, viajan, hablan entre ellos y se entremezclan para conocerse mejor, es algo con lo que muchos lectores fantaseamos a menudo…
Siempre que entro en una librería llevo una lista de libros pendientes, pero rara vez consigo comprar alguno como previamente me pasee entre ellos. Salgo con otro distinto.
A mi me gusta pensar que me hablan o me sisean para que les preste atención.
Y por este metodo me he llevado sorpresas muy agradables al leerlos.
Es el misterio del orden, que hace desaparecer los libros delante de nuestros propios ojos.
¿Qué orden?
Qué buén rato estoy echando aquí contigo, hija, con tus libros, con tus letras. ¡Ole!. Que no pare tu tarea, ¿eh?. Sigue al pié del cañón en las madrugadas que cuentas, de dia con sol. Sigue.
Gracias, amigas por vuestros comentarios, sabed que me animáis muchísimo a seguir con esta tarea.
Tenía este post preparado para Halloween, pero mi impanciencia hizo adelantarme
un poco. Ya se me ocurrirá algo para entonces. Besitos.