Es harto conocida la tendencia de los escritores a buscar inspiración en el fondo de la botella. La prudencia aconseja la sobriedad para producir textos congruentes. Generalmente, la combinación escritura-alcohol es catastrófica, sin embargo, hay ejemplos sorprendentes de esa sociedad.
Juan Carlos Onetti, uno de los grandes de la literatura uruguaya, era asiduo bebedor. De costumbras nocturnas, frecuentaba las tertulias y los cabarets del Río de la Plata. Este hombre, solitario, parco, taciturno, fumador y escritor genial, conforme encaneció se volvió más retraído. Eduardo Galeano cuenta que junto a su cama, Onetti había instalado un sistema de tubos y serpentinas que le permitía, sin ningún esfuerzo, beber vino, siempre tinto y casi siempre ordinario. El apego a la bebida de Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, le hizo descender a un infierno dantesco. Más de una vez fue encontrado en la calle, desnudo, sin percatarse de que le habían robado hasta el calzoncillo. En el ...
Déjate llevar por una palabra y te conducirá por caminos remotos.
Después de escribir mi anterior post, la palabra persuasión quedó revoloteando en mi cabeza acompañada de su sonido, produciendo en mí una especie de efecto sinestésico, es decir, la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. Buscando su significado exacto, el diccionario me llevó a otra palabra seducción. Ésta, me cogió suavemente de la mano y ya no me soltó.
Los matices de las palabras son como el color o el perfume que las distingue. Para notarlos hay que degustarlas, saborearlas, y a continuación, dejarlas en libertad.
Al pronunciar persuasión, las letras no salen con tanta facilidad de nuestros labios, como si con ello la palabra nos diera a entender su significado: “tratar de convencer a alguien mediante razonamientos”. No basta que tengamos toda la razón del mundo, este convencimiento genera una resistencia en el otro, por tanto, la persuasión va dirigida a la deducción personal, al intelecto.
Sin embargo, ...