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Conquistar el tiempo

En una ocasión tuve que dejarle mis hijos pequeños a mi madre, por algún motivo que no viene al caso. Ella, que seguro estaba encantada con el encargo, para mi sorpresa me contestó:

-De acuerdo, pero que sea para hacer lo que dices y no para “perder el tiempo” con los libros.

Y lo curioso es que leer era una de sus muchas aficiones, tenía cantidad de novelas románticas y casi todas las de Ágatha Christie. Quizás leer otras cosas suponía eso para ella. 

Lo que está claro es que quien creara el tiempo dejó que nosotros llenáramos las horas, y la libertad de cómo hacerlo nos pertenece. 

Hay muchas frases para definir el placer o la prevención de la lectura. Otra curiosa es la siguiente:

-No leo porque no quiero que nada ni nadie influya en lo que pienso y creo.

Esta opinión la escuché de una persona formada y dicha conclusión, a la que había llegado, la explicaba por su rechazo a la imposición de la lectura que existe en algunos medios, y por la valoración de considerar culta sólo a la persona que lee sin tener en cuenta otras cuestiones.

Lo que sí he podido comprobar, en alguna que otra ocasión, es cómo alguien ha titubeado ante la pregunta: ¿qué libro estás leyendo?, temiendo que su  respuesta la desvirtuara a los ojos de quien preguntaba.

Esta preocupación excesiva por la lectura -incluso para algunos padres supone un verdadero trauma que sus hijos no lean- no creo que sirva para crearles el hábito de leer, ni para disfrutar de su propio tiempo leyendo. Como tampoco la inquietud de algunas personas por no haber leído a determinados autores, aunque suponga un martirio llegar al final de esos libros-ladrillo.

El placer de la lectura se produce cuando el acto de leer se convierte en una creación, en un acto productivo, cuando el libro sabe poner en juego las facultades del lector.

Los primeros libros deben acoger al lector, no expulsarle de sus páginas. Más adelante y como finalidad, dependiendo de nuestra actitud y de nuestros intereses, podremos conquistar el libro en el sentido de adquirir los conocimientos que contenga.                

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5 Comentarios

Diana P. Morales dejó un comentario el 10 Octubre 2007 a las 11:58
  1. Totalmente de acuerdo, muy bonito “post” :-)

Marissa Tamayo dejó un comentario el 11 Octubre 2007 a las 11:52
  1. Yo también estoy de acuerdo en lo que dices, pero creo que el gusto por los libros y la lectura es como el caviar, sólo apto para algunos paladares que pueden gozar de su contenido.

Isabel Mallén dejó un comentario el 11 Octubre 2007 a las 12:22
  1. Siento no estar de acuerdo contigo Marisa, creo que el paladar se puede educar como orientar a la lectura y la escritura.
    Si no se consigue será porque el caviar no le guste, pero al menos lo hemos intentado.
    Tenemos la suerte de que los libros son más baratos y el placer que dan más duradero. ¿por qué no arriesgarse?
    Gracias por tu comentario.

Elisa I. Mellado dejó un comentario el 15 Octubre 2007 a las 10:13
  1. Me ha encantado tus palabras. He recordado a mi padre. Fue una persona muy trabajadora, y casi analfabeta, lo normal de aquella época.Fue un gran comunicador. Todo cuanto aprendió fue al esfuerzo que se impuso y leía todo cuanto caía en sus manos, sin prefencias por algún tema o escritor. Gracias a su ejemplo,sus hijas son aficionadas a la lectura.

M.O.Y. dejó un comentario el 15 Octubre 2007 a las 23:45
  1. Respecto a la posible sobrevaloración de la lectura, reivindico otros métodos de aprendizaje y maduración, que son más propios de personas cuyos mecanismos de aprendizaje no pasan tanto por la ideación, como por la experimentación. Convivo con uno maravilloso y os invito a descubrir, en las personas a quienes no les gusta leer, otros métodos de aproximación a la realidad dignos de ser conocidos.

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