Saborear un café en “Tortoni”
Todos viajamos para contar el viaje.
De esta manera, hacemos partÃcipes a los demás de las experiencias que vivimos durante el periplo. A los que nos gusta cargar con la maleta de un lado a otro, probablemente, nos encantarÃa emular a Burton Holmes (1.870-1.958), “Travelogues, el mayor viajero de su tiempo” y “Travelogues, alrededor del mundo”. Su mirada y curiosidad, a través del visor de su máquina fotográfica, no tuvo lÃmites. Gran comunicador y precursor de las conferencias ilustradas. Yo también viajo con frecuencia y llevo colgada en el hombro mi cámara; pero reconozco que soy una pésima caricatura de mi idolatrado Holmes.
Hace unos meses tuve la satisfacción de tomar un café en el “Tortoni”, en Buenos Aires. Está situado en el número 829 (actual 825) de la Avenida de Mayo. Como anécdota, más arriba de la calle, se encuentra el Hotel Castelar, otro punto de reunión de literatos. Fue morada transitoria de Federico GarcÃa Lorca.
Hay que tener en cuenta de la importancia de los “Cafés” en Buenos Aires. Es una institución que se mantiene desde el pasado. Son escenarios de rituales para los porteños. Es casi esencial, la costumbre de reunirse alrededor de una mesa a charlar. El lugar dónde encontrarse con los amigos, hojear el periódico, o simplemente, sentarse junto a la ventana para ver la gente que pasa. En definitiva, un punto de encuentro donde musa, la diosa de la Inspiración, ocupa todo el espacio.
El “Café Tortoni” es el más antiguo del paÃs, fue fundado por un emigrante francés en 1.858. Es uno de los locales mÃticos de la Literatura y otras Artes, en RÃo de la Plata. Aquà dieron comienzo las tertulias literarias; desde entonces no ha dejado de ser el sitio emblemático de peregrinaje para todos los escritores y amantes de la letras. Cientos de figuras han pasado, y siguen transitando las mesas, todos siguen eligiendo este “Café” como la catedral de la sabidurÃa.
En su fachada lucen placas: conmemorativas, de agradecimientos y nombramientos. Una marquesina de hierro forjado con gruesos cristales resguarda las puertas de acceso; un letrero con el fondo rojo hace resaltar la tipografÃa original del anunciado. En su interior, mantiene orgulloso, los antiguos decorados de la época. Las viejas mesas, preferidas por los escritores, como distingue una placa de metal: ¡si las mesas hablasen! Mientras degustaba un sorbo de café, una pregunta cruzó por mi mente ¿Quién se sentó en esta mesa? Jugando con la imaginación, elegà una mesa al azar para que me comentara la visión de una hipotética escena, un dÃa cualquiera.
“Al fondo, está Borges deambulando pensativo entre las mesas, de una tertulia a otra. En su mano un vaso con su bebida preferida: una “Indian Tonic Cunnington”, recuerda:”Siempre imaginé que el ParaÃso serÃa algún tipo de Biblioteca”. El rasgueo de una guitarra acompaña a GarcÃa Lorca, que recita aquello de “Córdoba, lejana y sola…”. Más allá, contrariado, Ortega y Gasset piensa:“El que no pueda lo que quiera, que quiera lo que pueda”. Solitario, entre penumbras, Pirandello recuerda las palabras que le dirigió Borges:“Famoso escritor italiano, tal vez único, que ha sabido encender, en la página y en la escena contemporáneas, la perplejidad metafÃsica de gran estilo”.
En una mesa cercana, Valle Inclán le cita a su interlocutor: ” La ética es lo fundamental de la estética”, y Unamuno le responde: “Hay que buscar la verdad, y no la razón de las cosas, y la verdad se busca con humildad”
SÃ, aquél dÃa tuve suerte. Descubrà que no hay nada mejor que saborear un exquisito café en el lugar adecuado.
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5 Comentarios
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Verdaderamente nos sumerges en el interior de ese café literario,¡que ya nos gustarÃa conocer! y nos imaginamos rodeados de todos los grandes personajes,las citas son reveladores aforismos. En cuanto al de Unamuno, yo añadirÃa, Dostoievski, en Crimen y castigo ” haga su confesión pública, todo pasa, sólo la verdad permanece” . Estupendo tu artÃculo.
Muy interesante Elisa, dan ganas de coger el avión. Por como lo cuentas lo imaginamos muy bien y nos gustaria estar allÃ. A mi me ha recordado otro en Lisboa, aquel donde la estatua de Pesoa nos espera sentado en la puerta. ¡Qué sabor literario el de esos cafés!.
Compañera Ana, gracias por leerme y tu sugerencia. Pero he de aclarar que estos escritores y sus frases, o aforismos, los he elegido por que han sido, como tantos otros, asiduos tertulianos del Café Tortoni; algunos exiliados de la Generación del 27.
Vaya, vaya!!! Con qué respeto y fuerza, visualizas el Café Tortoni.Ideas, pareceres, dudas, entusiasmo, vivencias¡ qué se yo !. Siempre he sido una gran entusiasta de tertulias, comentarios sobre sentires y pensamientos, o “maneras de vivir”.Un lujo
Me parece estupendo tu articulo sobre “EL TORTONI”,transporta al lector al interior de la escena. FELICIDADES.