Sufrimiento: musa del poeta
“A veces, cuando la musa me abandona añoro el sufrimiento”- me comentaba ayer mi amigo, y gran poeta, Suso Guevara. Decía, casi con indignación, que hoy en día sufrimos demasiado poco para alimentar las ganas de ser poeta, que los poetas deberíamos sufrir más. Recordé la frase de Vicente Huidobro: “el poeta que sufre poco, a menudo miente”. Rápidamente se nos vienen a la cabeza los grandes poetas que todos conocemos y sus magnas penas de amor, guerra, exilio, opresión, enfermedades, sangre… algunos de ellos llevados hasta el suicidio.
La verdad es que está algo loco, pero no creo que mi amigo Suso desee suicidarse, aunque si este extremo le llevara a un soneto inolvidable… De nuestra larga conversación recuerdo como repetía que los poetas deberíamos sufrir extraordinariamente, que hay poetas que necesitan sentir la navaja en el cuello para transmitir de verdad y eso se nota. Recuerdo su símil: Los poetas somos algo así como un tubo de dentífrico que hay que exprimir, apretar con fuerza para sacar un verso fresco y azul. Y es cierto que entre todos los sentimientos posibles, el sufrimiento es el que más aprieta.
Lo que realmente me parece es que Suso añora la capa y la espada, la carta en papel, la pluma y el tintero… La realidad es que siempre hay sufrimiento, lo que le hace falta al poeta es tener los ojos negros para ver las tormentas escondidas en lo cotidiano, entender que el dolor de una persona es el drama del mundo. No importa el motivo, el dolor es dolor siempre. A pesar de que este argumento pueda parecer de peso no lo convencí, la verdad. Seguía con sus ansias de sufrir.
Suso está convencido de que las historias de amor que nos hacen sufrir a todos son más poéticas si se desarrollan en un lugar de conflicto. Me hablaba de la poesía que habrá en Irak en la próxima década, o en los países del centro de África, dónde hay tanta guerra, tanto sufrimiento sanguíneo, tanto cainismo. También se refería a Venezuela, pero menos convencido. Puede que tenga razón, no estoy seguro. Pero ayer me abandonaron, y me pareció que el cielo de Bagdad se me caía encima, lo vi todo negro como la piel de Ruanda y sentí que Chávez me estrangulaba.
Escribí un poema, claro.
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9 Comentarios
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Como en su casa nos tiene abandonados, me vengo aqui a leerle!! ¿Le abandonaron? No le merecía, seguro. Si se hubiera dignado en conocerle a usted un poco, no le hubiera dejado escapar.
Besos y abrazos
Estoy de acuerdo con tu amigo Suso Guevara que el sufrimiento alimenta la poesía. Lo puedo probar: cuando murió mi madre, sufrí tanto que sentí la necesidad, por primera vez, de escribir poesía,me pareció que la pena rebalsaba mi corazón y crear versos era lo que único que me calmaba.
¡Qué bonito post! Pienso que quien es poeta de verdad es capaz de escribir en más momentos porque como dices VE las tormentas escondidas y las refleja, igual que transforma la felicidad en poesía.
Pero también es verdad que a mí, que no sirvo para la poesía, el dolor y la añoranza me ha hecho escribir alguno.
Lo importante no es el sufrimiento sino lo que se haga con ese sufrimiento. El sufrimiento no nos hace mejores personas ni más sabios. Lo que sí creo es que el sufrimiento pone del revés las bases en las que asentábamos nuestra existencia, nos obliga a cuestionarnos las cosas y nos revela. El sufrimiento, en cierto modo, nos vacía y es la oportunidad que podemos aprovechar para llenar el hueco con un poema, con un disparo o con un desprecio absoluto hacia el prójimo feliz al que consideramos incapaz de comprendernos. Hay que ser muy, muy, muy fuerte para extraer belleza del horror.
En mis años mozos coqueteé con la poesía y escribía con cierta frecuencia. Con el paso del tiempo fui abandonando el género hasta dejarlo completamente relegado. Hace algún tiempo mi esposa me preguntó po qué ya no escribía poesía… no tuve ni tiempo de pensar pues la respuesta me asaltó de inmediato: es que ahora no tengo la tristeza necesaria. Si, sin lugar a dudas, el sufrimiento es la materia primordial de la que se construyen los versos más hermosos, aún los que hablan de la belleza y de la felicidad sólo pueden ser concebidos dentro de un corazón que sabe bien donde están sus cicatrices.
En un etapa anterior compartí la vivencia trágica de la poesía pero, atravesado mi desierto, renací con mis ojos de siempre, ahora correteando en torno a la belleza y la felicidad. Son mis ojos, pero miran distinto.
Muy interesante el “hilo”. Para que siga moviéndose vamos a disentir, moderadamente. A ver, sufrir, sufrir, lo hace p.e. el “garimpeiro” que trabaja de sol a sol-y de noche también- en una mina de Brasil, o el que se juega la vida en una patera. Al poeta no le hace falta - más bien necesita paz y bienestar- para poder escribir bien. Sí puede ocurrir que, como persona de sensibilidad extremada, le afecte más de lo normal el sufrimiento de los demás y ahí encuentre la inspiración para crear sus versos. Pero el sufrimiento propio no creo que sea importante. Se trata de escribir bien, simplemente.
Estoy de acuerdo en lo del sufrimiento, no lo aconsejo como filosofía de vida. Sin embargo es cierto que los sentimientos fuertes nos hacen más creativos, el dolor, el desamor, la nostalgia, pero también el amor, la pasión, el deseo.
Añadir , aunque seguramente no estarás de acuerdo, que las últimas tendencias de teorías literarias ( lo cual no significa que sean veraces) no identifican al escritor o poeta con su obra, opinan que gran parte es técnica ( parece aritmética, yo no estoy de acuerdo con esto)
Que la escritura es una liberación sí lo creo.
Espero que lleguen pronto tus poemas dionisíacos y pletóricos.
¡Caramba!No había caído en la cuenta de lo desdichada que ha sido mi vida. Siempre he escrito poesía.