Un billete de ida y vuelta
Hace casi dos meses desde que apareció mi último post en esta página. ¡ El tiempo ha transcurrido veloz!. Por esta ausencia temporal, eludiendo mi compromiso, considero que debo disculparme; ahora que estoy más sosegada y tranquila trataré de cubrir este paréntesis relatando  brevemente las impresiones de una viajera.
En esta pasada etapa 2.007-2.008 más bien parece que adquirà un billete de ida y vuelta para hacer un largo recorrido.
Comencé en el pasado otoño y la terminé en los últimos dÃas de Mayo. Ha sido todo un hándicap. Entre viajes y escalas en casa,  aprovechaba para escribir algún artÃculo y colgarlo en la web.
Han sido unos meses en los que he vivido intensamente y  gozado con los cinco sentidos: contemplé bellas ciudades y pueblos. Maravillosos lugares donde la naturaleza, con braveza aún, se manifiesta en su sentido más puro. Sorprendentes y estremecedores paisajes. Volcanes dormidos, pero que pueden despertar en cualquier momento. Tierras negras, rojizas, estériles llanuras.  Culturas, diversidad de costumbres ancestrales que en el pueblo perduran. Alrededor de la isla, un oceáno bravio se estrella contra sus costas de lava. Caminar, sola, sin rumbo, me gusta perderme. A mi alrededor, gente que me mira con curiosidad. Cansada, me senté sobre un capitel romano que estaba allà en la calzada. El Sol abrasaba, sentÃa la garganta seca y mi cuerpo húmedo por el sudor. Bajo la sombra de un sicómoro me deleité escuchando músicas  folclóricas. Recuerdo que el olor a jazmines y especias me embriagaban. Ese viento alisio que azota, pero no duele. Un inmenso mar de arena. El suave contoneo de mi cuerpo agazapado sobre la culata del camello. Paladeé platos tÃpicos, con sabores a cardamomo y jengibre y el mojo a cilantro. Al resguardo de una jaima, mis pies juguetearon con la fina arena del Sahara. Me sumergà en las azules aguas de ese oceáno Atlántico que tierras tan lejanas baña. El agua, ese bien preciado escasea y saben administrarla. Me adentré, curioseando, por antiguos palacios y casonas, mezquitas y zocos, fortalezas y torres vigÃas. El cruce de una mirada curiosa, inocente, unos ojos negros, brillantes, pelo ensortijado color azabache. Degusté un té con piñones y me distraje fumando una sisha con tabaco sabor a melocotón. Fachadas blancas, inmaculadas, con ventanas pintadas de azul como el mar donde se reflejan. Estrechas callejuelas, retorcidas, donde la sombra te protege. El Sol se oculta y la voz del almuecÃn llama a oración.  Sentir nuevas sensaciones me hacen vibrar y las  experiencias son inolvidables. Cada viaje es diferente y ahà está el encanto.
También es muy importante la comunicación. Aunque parezca increÃble, existe un idioma “universal”, tan sólo es suficiente la voluntad y el buen entendimiento entre quienes desean intercambios culturales y la paz entre los pueblos.
Como ya es habitual, a través de las personas que conocà durante mi periplo, que me hicieron partÃcipe de su sabidurÃa, he aprendido a valorar aún más todo cuanto me rodea. Incluso cómo organizar mejor las prioridades. Ha sido una etapa muy satisfactoria y provechosa, tanto en lo afectivo como en lo material.
A partir de ahora, reanudaré la tarea de escribir sobre mis viajes y todo cuanto se relaciona con la cultura y la literatura que he conocido en cada lugar. De esta manera, compartiré con todos vosotros estos conocimientos, y por qué no, también curiosidades y anécdotas.
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6 Comentarios
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Saborear con tus sugerentes descripciones esos viajes es un placer de los sentidos, sobre todo con este calor del sur y con la perspectiva de estar como plantada aquà durante el verano.
Además de esa referencia a ese idioma universal que, como tú bien dices, sólo es cuestión de buena voluntad.
¡Ah! y no te pierdas tanto. Besitos
Menos mal que has vuelto. Ahora esperamos tus entradas contando todo lo que has visto.
Queridas amigas: Mi poblema ahora es… ¿por dónde empiezo?
Trataré de no defraudaros. Gracias por vuestra bienvenida.
Quedamos a la espera de tus artÃculos, buen regreso!
Elisa, yo también espero con impaciencia tus historias, ya que los escenarios que dibujas me resultan familiares. También yo me he perdido ultimamente, abandonando mis obligacioones. Espero volver pronto a escribir sobre mi tema.
El viaje de la vida ya es fantástico, si además lo enriqueces visitando otros lugares la satisfacción es mayúscula. En ninguna escuela se aprende tanto como en los viajes, sobretodo si te interesas en hablar con la gente de origen y te preocupas en como viven. Por eso, para las personas que como yo no tenemos la oportunidad de hacer esos viajes, nos gusta que los que pueden hacerlo nos deleiten con sus relatos y su punto de vista.